El aula está llena de ruido mientras los estudiantes charlan y se preparan para la clase. La profesora, la Sra. Stevens, se encuentra al frente con una caja de papelitos en sus manos. Hoy, ha decidido que los estudiantes trabajen en parejas para un proyecto de ciencias, y la idea ya le resulta un poco ridícula. ¿En qué cabeza cabe que puedan emparejarlos a todos y esperar que funcionen?
—¡Silencio, clase! —anuncia la Sra. Stevens con una sonrisa, tratando de contener la emoción. —Hoy vamos a asignar las parejas para el proyecto. He preparado algunos papelitos con los nombres de cada uno de ustedes.
Los murmullos se apagan lentamente mientras todos prestan atención; la emoción se siente en el aire. Mia y yo nos encontramos sentados en lados opuestos del aula, intercambiando miradas desafiantes. Ella me lanza una mirada que podría derretir acero; yo sonrío, disfrutando del espectáculo.
—Cuando llame el nombre de su pareja, deberán venir a sacar un papelito y si ya tienen una vendrán a leer en mi cuaderno con quien les tocó. Recuerden, es un proyecto importante, así que deben trabajar con su pareja de manera cooperativa —informa la Sra. Stevens, y algunos estudiantes se ríen nerviosamente.
A medida que los nombres empiezan a ser llamados, no puedo evitar jugar con la idea de cómo sería trabajar con Mia. Sería como intentar entrenar a un gato para que nadara; divertido, pero probablemente frustrante. Y eso me emociona. La rivalidad entre nosotros siempre ha sido intensa, y me encanta la idea de llevar eso al aula.
Finalmente, llega mi turno.
—Hill, ven a sacar tu papelito —dice la Sra. Stevens con esa sonrisa de "no hay vuelta atrás".
Me levanto de mi asiento, caminando hacia el frente con la confianza que solo puedo tener en estas situaciones. Saco un papelito y lo abro, sintiendo que mi sonrisa se ensancha de inmediato.
No puedo evitar mirar hacia Mia mientras regreso a mi asiento. La veo fruncir el ceño, y eso solo hace que mi alegría crezca.
Mientras la Sra. Stevens sigue llamando nombres, veo cómo el rostro de Mia pasa de la frustración a la incredulidad. Al final, llega su turno.
—Clair, ven a leer quien es tu pareja. —anuncia la profesora.
La forma en que se acerca al cuaderno es casi cómica. Puedo ver cómo sus labios se mueven, murmurando algo que claramente no le gusta.
¿Qué habrá sido? ¿"Ay no, no, no"? No puedo evitar sonreír al imaginarlo.
—Ay no, no, no. ¿En serio, nosotros, pareja? —murmura para sí misma, claramente molesta. Su tono es como si estuviera hablando de un virus en vez de un proyecto escolar.
—¿Puedo cambiar de pareja? —pregunta, su voz casi suplicante. —O mejor aún, ¿puedo hacerlo sola?
La Sra. Stevens la mira con una mezcla de sorpresa y diversión.
—Lo siento, Mia, pero eso no es posible. Todos deben trabajar en pareja. Es parte del proyecto —responde la profesora, sonriendo mientras se da cuenta de la situación.
La frustración en el rostro de Mia es casi cómica. Parece una niña a la que le han quitado su caramelo favorito. Yo no puedo contenerme y suelto una risa, disfrutando de cada segundo.
—¡Esto es una pesadilla! —exclama ella, lanzando los brazos al aire como si el universo estuviera en su contra.
—Así que... ¿pareja de proyecto? —digo, disfrutando cada segundo de su reacción.
Ella se cruza de brazos, su postura es defensiva y eso me hace sentir aún mejor.
—Genial, como si no tuviéramos suficiente competencia entre nosotros en clase —replica, intentando ocultar su irritación, aunque es evidente que está lista para pelear.
No puedo evitar soltar una risa.
—Vamos, Mia. Puede que descubramos que trabajar juntos no es tan malo. Además, siempre hay una forma de ganar, incluso con un compañero como yo —le digo, lanzando mi mejor sonrisa.
—No estoy segura de que eso sea algo bueno, Hill. Tendremos que ver quién realmente lleva la voz cantante en este proyecto —replica, dejando claro que no se dejará intimidar.
Su desafiante mirada solo me anima más. La verdad es que, al final del día, lo que más me gusta de Mia es su determinación. Es como un bulldog; nunca se rinde. Y eso me provoca un deseo casi irrefrenable de superarla, incluso si eso significa trabajar en un proyecto escolar.
La Sra. Stevens nos pide que comencemos a discutir ideas, y cuando me vuelvo hacia ella, puedo ver cómo se esfuerza por no rodar los ojos.
—¿Te gustaría comenzar a trabajar en esto esta tarde? —sugiero, sabiendo que eso la molestará.
—¿Para qué? ¿Para que me digas lo que tengo que hacer? No, gracias —responde, y su tono es tan mordaz que casi me hace reír a carcajadas.
—Te recuerdo que siempre es bueno tener un poco de guía. Tal vez, si te abres un poco, podrías aprender algo —le respondo con un tono de burla, sabiendo que es un golpe bajo.
—¡Te odio! —exclama, su frustración palpable.
—¿Ah sí? Dime que me odias —le digo, acercándome un poco más, disfrutando de cada momento.
—¡Te odio! —me grita, y aunque no lo admite, hay una chispa de diversión en sus ojos que me dice que, en el fondo, también le gusta este juego.
A medida que la clase avanza, ambos estamos claramente más interesados en pelear que en el proyecto en sí. La profesora intenta guiarnos, pero sus palabras se pierden entre nuestras discusiones y las miradas llenas de desafío. Es casi como si estuviéramos en una guerra silenciosa, y cada pequeño comentario hiriente solo alimenta el fuego.
La clase termina y, antes de salir, lanzo una última bomba:
—Solo recuerda, Mia, esto es solo un proyecto. No puedes dejar que tu orgullo te haga perder. Te estoy dando una oportunidad de trabajar con el mejor.
Ella me lanza una mirada fulminante que me hace sentir que debería salir corriendo, pero en lugar de eso, me quedo plantado, disfrutando de cada segundo de esta enemistad.
—Te juro que esto será una lucha. Y no voy a dejar que me ganes, Hill —responde, y su voz es tan firme que me hace pensar que tal vez, solo tal vez, esto podría ser más que un simple proyecto escolar.
Mientras salimos del aula, la tensión entre nosotros es palpable. Caminamos en direcciones opuestas, pero sé que este proyecto solo ha hecho que nuestra rivalidad sea aún más emocionante. Quizás al final del día, no solo sea un proyecto, sino un campo de batalla en el que lucharemos por demostrar quién es el que mande en el trabajo.
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Dime que me odias
Ficção AdolescenteMia Clair y Alex Hill han pasado toda su vida compitiendo. En la escuela, en las pistas, en cada maldito lugar donde se cruzan. Ella lo odia con cada fibra de su ser. Él, en cambio, adora que lo odie. Porque hay algo en la forma en que Mía frunce el...
