Alex
"After"
El after está en su punto.
Las luces de neón parpadean al ritmo de la música, las risas se mezclan con el sonido de la piscina y el aire está cargado de un extraño aroma a vape de sabores absurdos, como "frutos tropicales con chispas de menta".
Llevo un par de tragos encima, y el mundo comienza a dar vueltas a mi alrededor. No lo suficiente como para caerme, pero sí lo justo como para que mis pasos no sean tan firmes. Me recargo contra una pared y respiro hondo, intentando centrarme, cuando de repente Joshua aparece frente a mí con una botella de suero.
—Bro, ¿qué haces? —pregunto entre risas.
—Salvándote de hacer el ridículo. —Me pasa la botella como si fuera un regalo divino—. Toma esto antes de que termines siendo un meme en la fiesta.
No tengo más remedio que aceptar. Estoy bebiendo el suero cuando entran Mia y Alisson. Ambas se ven relajadas, riéndose de algo que seguramente era más gracioso en sus cabezas. Mia me ve con la botella y se detiene en seco, mirándome como si hubiera ganado la lotería.
—¿Qué? —pregunto, fingiendo indignación.
—Nada, solo que pareces un viejito con su suero porque ya no aguanta las fiestas. —Sus palabras vienen con una sonrisa que no sabe disimular.
—No todos pueden mantener el ritmo, Clair. Deberías intentarlo alguna vez.
—¿Tú crees que no podría? —Levanta una ceja, retándome.
—No, creo que no te animarías.
—Ni al caso. No porque no pueda, sino porque no quiero. Hay una diferencia, Hill.
Rodé los ojos y me levanté, decidido a dejar de ser su blanco de burlas por un rato. Me dirigí a la piscina, donde algunos de mis amigos ya estaban dentro, haciendo de las suyas. El agua fría me ayuda a despejarme un poco, aunque mi mente sigue dando vueltas, ahora por razones que no tienen nada que ver con el alcohol.
Un rato después, alguien tuvo la brillante idea de sacar el dunk tank. Es una especie de silla elevada que te coloca justo sobre un enorme tanque de agua. La gente se toma el juego en serio, lanzando pelotas a un objetivo específico.
Si aciertan, el mecanismo de la silla se activa y te caes al agua, quedando completamente empapado, ridiculizado, y, por supuesto, el centro de atención de todos los presentes. La idea, como no, es hacer el ridículo, y siempre hay alguien dispuesto a ser el primero.
Por supuesto, no me puedo resistir a ser el primero.
Siento esa confianza arrogante que siempre me acompaña en este tipo de situaciones. Subo a la silla con la cabeza en alto, guiado por mi actitud de superioridad, burlándome abiertamente de cada intento fallido de los demás. A cada pelota que pasa a centímetros de la diana, suelto un comentario sarcástico. Nadie logra golpear el punto exacto, y mis palabras, como era de esperar, no hacen nada para mejorar su puntería. Al contrario, la mayoría parece estar más enfadada que motivada.
Entonces, en medio del caos de pelotas fallidas y risas, veo a Mia. Se acerca con una pelota en la mano, y aunque el resto del mundo parece seguir con sus intentos, yo no puedo evitar enfocarme en ella. La forma en que la sostiene, esa actitud tranquila y calculadora en su rostro, me hace pensar que, tal vez, esta vez las cosas no irán como yo quiero.
—¿Qué pasa, Clair? ¿No te animas? —le lanzo con una sonrisa burlona, buscando meterme en su cabeza.
Ella, como siempre, no muestra signos de inmutarse. La calma en su rostro es casi irritante. Sabe lo que está haciendo, y por alguna razón, eso me hace sentir incómodo. Pero la verdadera amenaza viene cuando sus ojos se fijan en mí, con esa chispa retadora que nunca puede esconder. Hay algo en su mirada que me dice que esta vez no voy a salir tan fácil de la situación.
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Dime que me odias
Teen FictionMia Clair y Alex Hill han pasado toda su vida compitiendo. En la escuela, en las pistas, en cada maldito lugar donde se cruzan. Ella lo odia con cada fibra de su ser. Él, en cambio, adora que lo odie. Porque hay algo en la forma en que Mía frunce el...
