Cuatro años han pasado ya. Cuatro años de aprendizaje, sacrificio y esfuerzo, y ahora solo queda un último año de prácticas en un hospital. Según nuestro promedio, se nos asignan los hospitales más prestigiosos, y las opciones este año son impresionantes: Nueva York, Inglaterra, Finlandia y... París. Lugares increíbles para pasar todo un año de experiencias inolvidables.
Estoy nerviosa, pero también emocionada. Mi nombre está a punto de ser llamado, y cuando lo escucho, mi corazón late más rápido. Frente a mí, hay una mesa con cuatro docentes, y sobre ella, un folder que contiene mi destino. Uno de los profesores se pone de pie y, con una leve sonrisa, pronuncia una sola palabra:
—París.
La felicidad me inunda por completo. No solo es uno de los destinos más increíbles, sino que también significa que no estaré sola. Kent, mi novio, vive y trabaja en París. Él estudió Finanzas en la misma universidad que yo y tuvo una experiencia allá que terminó convirtiéndose en su hogar. Entendí perfectamente por qué decidió quedarse; después de todo, ¿quién no querría vivir en París?
Kent es un hombre atractivo, de cabello rubio y ojos hazel que reflejan calidez y determinación. La idea de estar en la misma ciudad que él después de tanto tiempo separados me llena de ilusión. Podremos recorrer las calles juntos, visitar los monumentos más emblemáticos y disfrutar de la ciudad del amor. Aún quedan dos semanas para que comiencen las rotaciones, pero necesito irme cuanto antes. Debo familiarizarme con el hospital, encontrar un lugar donde vivir, conocer los alrededores y, por supuesto, saber dónde comprar comida. Por el momento, Kent me ha ofrecido quedarme con él uno o dos días mientras busco un apartamento. Todo parece perfecto.
Pero antes de empezar esta nueva etapa, hay alguien con quien debo compartir esta noticia. Alisson. Mi mejor amiga, mi apoyo incondicional. Este año, finalmente se graduó, y ver cómo ha logrado abrir su propia clínica veterinaria y su continuo esfuerzo por ayudar a los perritos de la calle me llena de orgullo.
Cuando la veo en nuestra cafetería de siempre, me doy cuenta de que el tiempo ha pasado, pero ella sigue siendo la misma: su cabello rizado largo, sus lentes que enmarcan su rostro, y esa sonrisa que siempre transmite calidez.
Nos sentamos con nuestras tazas de café humeante frente a nosotras, y antes de que pueda decir algo, ella entrecierra los ojos y me señala con el dedo.
—Tienes cara de que vas a darme una gran noticia.
Sonrío ampliamente y dejo escapar un suspiro emocionado.
—Alisson... ¡Me voy a París!
Su reacción es inmediata. Sus ojos se abren de par en par y, en un segundo, está saltando de su asiento para abrazarme. Nos reímos como dos niñas pequeñas mientras algunas personas nos miran con curiosidad, pero no me importa.
—¡Es increíble, Mía! —exclama, volviendo a sentarse—. ¿Cuándo te vas?
—En dos días —respondo, sintiendo la emoción recorrer mi cuerpo nuevamente—. Necesito instalarme antes de que comiencen las rotaciones.
—¡Vas a vivir en París! —repite ella, como si intentara procesarlo—. ¡Y con Kent!
—Bueno, temporalmente. Solo mientras encuentro un departamento.
—Ajá... claro —dice, alargando la palabra con una sonrisa pícara—. ¿Y cómo está el señor financiero?
Ruedo los ojos, pero sonrío. Kent y yo hemos tenido una relación a distancia, y aunque ha sido difícil, hemos logrado mantenerla. Pero ahora todo será diferente. Ahora estaremos en la misma ciudad, compartiendo la misma rutina, sin pantallas ni husos horarios de por medio.
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Dime que me odias
Novela JuvenilMia Clair y Alex Hill han pasado toda su vida compitiendo. En la escuela, en las pistas, en cada maldito lugar donde se cruzan. Ella lo odia con cada fibra de su ser. Él, en cambio, adora que lo odie. Porque hay algo en la forma en que Mía frunce el...
