Mia
La nieve crujía bajo mis botas mientras miraba la imponente montaña frente a mí. Este era mi momento. La última vez que podría hacer algo así antes de irme lejos de casa por meses. Quién sabe si volvería a ver un paisaje tan impresionante como este.
Respiré hondo, lista para empezar a subir, cuando de repente escuché una voz a mis espaldas.
—¡Eh, eh, eh! Un momento, jovencita.
Me giré y me encontré con un tipo con chaqueta roja, gafas en la cabeza y una expresión de que claramente quería arruinar mi día. Según su placa, se llamaba Tim.
—¿Puedo ayudarte? —pregunté, sonriendo con mi mejor cara de "no me detengas, por favor".
—Si lo que quieres es romperte una pierna y convertirte en un bloque de hielo, entonces sí, adelante. Pero si prefieres seguir con vida, mejor no subas.
Rodé los ojos.
— Mira, yo entiendo las ganas de aventura, pero este sendero no es para novatos.
—¿Novata? —me reí con desdén—. Por favor, Tim, he subido montañas desde que tengo memoria.
Tim suspiró, como si hubiera oído esa clase de excusa antes.
—Mira, te entiendo. Pero hay reglas, y yo soy el entrenador de novatos por algo. Me pagan por impedir que la gente haga estupideces en la nieve. Así que, por favor, reconsidera.
—Tim, aprecio tu preocupación, pero si no voy ahora, ¿cómo podré decir que viví una última gran aventura antes de partir? —puse mi mejor cara de dramatismo—. Después de esto, solo veré calles, edificios, y mucha medicina.
—Dramática —murmuró Tim.
Le sonreí. Me di la vuelta, dispuesta a empezar la subida. Pero, por alguna razón, en el fondo de mi cabeza, un pensamiento me molestaba.
Alex.
No había sabido nada de él desde la fiesta. Y la verdad, mejor así. Lo último que necesitaba era otra distracción confusa. Ya había tenido suficiente con todo lo que habíamos hablado, y si quería subir esta montaña sin tener un colapso emocional, mejor concentrarme en no morir congelada.
—De verdad, no te puedo dejar subir —insistió Tim.
Lo miré, inspiré hondo y le di una palmada en el hombro.
—Tim, si me caigo y muero, puedes decirle a todos que fui muy feliz haciendo lo que amo.
—Prefiero decir que fui muy responsable y no te dejé hacerlo.
—Ya veremos.
Y con eso, empecé a caminar, dejando atrás a un Tim frustrado y a mis pensamientos sobre Alex entre la nieve.
—Que alguien me suba el sueldo... —escuché que murmuraba Tim mientras yo sonreía, lista para mi aventura.
El viento me golpeaba el rostro mientras me impulsaba cuesta abajo. Apenas había tocado la nieve con mi tabla cuando supe que esto era una pésima idea. No una idea regular mala, sino de esas que terminan en documentales.
Pero ya no había vuelta atrás.
Mis piernas temblaban mientras trataba de mantener el equilibrio. La tabla se deslizaba a toda velocidad, cortando la nieve con un silbido feroz. La sensación de caída libre me golpeó el estómago, una mezcla de adrenalina y puro pánico.
El grito salió antes de que pudiera detenerlo, pero el viento se lo llevó como si nada.
No veía nada más que blanco. Un torbellino de nieve me rodeaba, y el aire helado me quemaba los ojos. El suelo debajo de mí se volvía cada vez más irregular, y cada pequeño salto era una batalla por mantenerme en pie.
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Dime que me odias
Novela JuvenilMia Clair y Alex Hill han pasado toda su vida compitiendo. En la escuela, en las pistas, en cada maldito lugar donde se cruzan. Ella lo odia con cada fibra de su ser. Él, en cambio, adora que lo odie. Porque hay algo en la forma en que Mía frunce el...
