Mia
Veo las caras de Camila y Liam. Están dudando. Inseguros. Sus ojos me piden que me quede, que no me vaya sola, que no lo lleve. Pero yo asiento. Les digo con los ojos que estoy bien. Que puedo.
Ellos suspiran, derrotados.
—Llámame si algo pasa, me hace falta terminar un proyecto, no puedo quedarme contigo —dice Liam, sin ocultar su preocupación.
—Te esperamos despiertos —añade Camila, cruzando los brazos con tensión.
Asiento una vez más. Me doy vuelta y camino con determinación hacia donde están sujetando a Alex. Se nota que ha bebido demasiado. Apenas puede mantenerse en pie. Su camisa negra ahora está arrugada, manchada, el cabello despeinado, y tiene un corte sangrando en la ceja.
Me planto frente a él. Sin dudar. Él levanta la mirada, sus ojos turbios de furia, borrosos por el alcohol.
—Afuera. Vamos —digo con voz firme, sin levantarla, sin temblar.
No grito. No tiemblo. Solo dejo caer las palabras como cuchillas, porque sé que van a entrar.
Él parpadea.
Sus pupilas dilatadas me buscan.
Y entonces... baja los brazos.
Como si soltara todo de golpe.
Voltea a mirar al otro tipo —el que aún está sacudiéndose los hombros y lo mira como si quisiera seguir la pelea.
Pero Alex le da una última mirada de advertencia y lo ignora.
Da media vuelta.
Da un paso.
Y se tambalea.
Lo sostengo antes de que caiga. Paso su brazo por encima de mis hombros, y su cuerpo se apoya en mí con más peso del que esperaba.
A nuestro alrededor, algunos clientes observan. Otros apartan la mirada, incómodos. El ruido del bar se reanuda poco a poco, como si el lugar quisiera hacer borrón y cuenta nueva. Uno de los tipos del bar —quizá el encargado— asiente con la cabeza al ver que nos vamos. Tal vez temía tener que llamar a alguien más.
Con la mano libre, saco el celular del bolsillo y pido un taxi.
Caminamos en silencio por unos metros, hasta que ya no puedo contenerlo.
—¿Ahora peleas?
Él no responde.
—¿Vas a decirme que fue por nada? ¿Por diversión? ¿O fue un mal día y se cruzó la persona equivocada?
—No es nadie importante —murmura. Apenas audible.
—¿Nadie importante? Entonces ¿Por qué casi lo matas?
Silencio.
—Mírame —le exijo. Él lo hace, a regañadientes.
Tiene la mandíbula apretada, la ceja rota. Pero es en sus ojos donde veo la tormenta.
—¿Vas a decirme que no fue nada? ¿O acaso ya dejaste lo de ser empresario y ahora te dedicas a ser pandillero? O peor ¿Eres un peleador clandestino? Dios, necesito un autógrafo tuyo, mira aquí en la frente para tatuarmelo.
—No es gracioso, no puedo hablar de eso, Mia.
—¿No puedes? ¿O no quieres?
Él se queda callado. Y eso dice más que cualquier respuesta.
—Te desconozco —susurro.
Y ahí sí, él me mira. De verdad. Como si esas palabras fueran una daga que no esperaba.
—No digas eso.
Nos quedamos en silencio.
El taxi llega. Nos subimos.
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Dime que me odias
TeenfikceMia Clair y Alex Hill han pasado toda su vida compitiendo. En la escuela, en las pistas, en cada maldito lugar donde se cruzan. Ella lo odia con cada fibra de su ser. Él, en cambio, adora que lo odie. Porque hay algo en la forma en que Mía frunce el...
