Café Amargo

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Mia

Después de un largo día de clases, Alisson y yo nos encontrábamos sentadas en nuestra mesa favorita junto a la ventana en el Royal Coffee Cream. Era nuestro pequeño refugio después de soportar horas de aburrimiento en la escuela. Mientras bebía mi café, el sol se colaba suavemente por el cristal, bañándonos con una luz cálida, haciendo el ambiente aún más acogedor.

—Entonces... ¿cuándo vas a decirme que ya tienes novio? —le pregunto a Alisson mientras toma un sorbo de su café.

—¡Por favor! No tengo tiempo para chicos ahora —responde Alisson, riéndose y agitando la mano—. Además, ¿quién podría interesarse en mí cuando tú tienes a todos babeando por ti?

Mia se ríe, sacudiendo la cabeza mientras se acomoda en la silla.

—Ya quisieras. No sé de dónde sacas eso, pero a mí me va igual o peor de mal que a ti. Aunque... he visto cómo Joshua te mira, ¿eh? —digo, arqueando una ceja con picardía.

—¿Joshua? No sé, es simpático, pero... —Alisson se muerde el labio, claramente pensando en el chico en cuestión.

Antes de que pudiera responderme, el sonido de la puerta de la cafetería me hizo voltear la mirada por instinto. Ahí estaban Joshua y... Alex. Genial, el día había tomado un giro inesperado. Los dos se dirigían hacia el mostrador, sin notar nuestra presencia. Rápidamente, Alisson y yo compartimos una mirada rápida y, como si fuera algo ya planeado, nos concentramos de nuevo en nuestros cafés, como si no hubiéramos visto nada.

—Mira quién apareció... —susurré a Alisson, sintiendo el disgusto en mi voz mientras evitaba mirarlos.

—Ni se te ocurra voltear, Mia. Finjamos que no los hemos visto. —Alisson murmuró rápidamente, tratando de reprimir una sonrisa que delataba la chispa de emoción que provocaba la presencia de Joshua.

Para nuestra desgracia, él fue el primero en acercarse. Joshua apareció frente a nosotras con una sonrisa despreocupada, y antes de darme cuenta, ya estaba ocupando la silla junto a Alisson, comportándose como si fuera parte de la conversación desde el inicio.

—¡Hey! ¿Qué hacen aquí solas? —preguntó Joshua, con esa naturalidad suya que casi lo hacía simpático.

—Nada... solo charlamos un poco —respondió Alisson con timidez, lanzándome una mirada de auxilio como si de verdad necesitara que la salvara.

Le di un apretón en la mano bajo la mesa, como diciéndole que no se preocupara, pero la tranquilidad me duró poco. Alex, quien había seguido a Joshua, se dejó caer en la silla frente a mí con una expresión de fastidio que no podía ignorar.

—Ah, perfecto —murmuré entre dientes, evitando mirarlo directamente—. Como si este día no pudiera empeorar.

—Créeme, Clair, el sentimiento es mutuo —respondió Alex, con esa sonrisa arrogante que hacía que mi paciencia se esfumara en segundos.

Mientras yo intentaba resistirme a esa tentación de responderle con algo mordaz, Joshua parecía ignorar la tensión que flotaba en el aire. Se inclinó hacia Alisson, sus ojos brillaban con interés y se veía completamente ajeno al conflicto frente a él.

—Alisson, estaba pensando... —dijo con su sonrisa habitual—. ¿Te gustaría salir algún día? No sé, tal vez ir al cine o algo así.

Alisson se puso roja como un tomate, sorprendida por la invitación, y me costó no sonreír de la sorpresa. Pero Alex, por supuesto, no podía dejar pasar la oportunidad de comentar.

—Ehm... claro, suena divertido —dice ella con una sonrisa tímida.

Mientras tanto, Mia mira la interacción entre Alisson y Joshua, pero Alex no pierde la oportunidad de soltar un comentario.

Dime que me odiasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora