Inevitable Encuentro

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Mia

Este día, el aire en el colegio parecía más pesado de lo normal. Cada vez que caminaba por los pasillos, escuchaba a los chicos hablando sobre el maldito baile de mitad de año, comprando flores y brazaletes como si fueran objetos mágicos que resolverían todos sus problemas. Por mi parte, ya tenía un plan en marcha y no iba a dejar que nada ni nadie lo arruinara.

Caminé con confianza hacia el lugar donde había quedado de verme con Ethan. Había revisado el mensaje varias veces la noche anterior, solo para asegurarme de que todo estuviera bien. No podía creer que aceptara tan rápido cuando le sugerí que habláramos. A veces la vida me sorprendía, y al menos esta vez lo hacía de una manera positiva.

Cuando lo vi de pie, esperándome cerca de las bancas junto al gimnasio, me sentí un poco más ligera. Todo va a estar bien, me dije, respirando hondo antes de acercarme a él. Estaba decidido: si las cosas salían como esperaba, este baile no sería tan malo después de todo.

—Hey, Ethan —le saludé con una sonrisa tranquila, y él me devolvió el saludo de la misma forma.

—Hey, Mia. ¿Todo bien?

Asentí, empezando a sentirme más cómoda. Conversamos un poco de cosas triviales, pero siempre con la meta en mente: el baile. Ethan me escuchaba con esa mirada atenta que recordaba de nuestras clases de historia. Era fácil hablar con él, nada que ver con la constante guerra de nervios que tenía con Alex.

Y entonces, como si alguien hubiera invocado el nombre del diablo, escuché una risa desde no muy lejos. Una risa que reconocería en cualquier lugar.

—¿En serio, Clair? —dijo la voz arrogante que no quería escuchar en ese momento, interrumpiendo mi conversación como una tormenta. No necesité voltear para saber quién era.

Alex Hill, claro, siempre apareciendo en los peores momentos.

—No tienes otra cosa que hacer, Hill? —le solté sin siquiera mirarlo, esperando que se largara. Pero obviamente, eso sería demasiado fácil.

—¿Esto es lo que tienes para el baile? —siguió él, ignorando completamente mi intento de hacer que se callara. Caminaba lentamente hacia nosotros, con esa sonrisa burlona pegada en el rostro como si nada le importara—. ¿Él? ¿En serio?

Mi mandíbula se tensó. A mi lado, Ethan se puso un poco incómodo, pero trató de no mostrarlo. Lo conocía lo suficiente como para saber que no iba a meterse en una pelea, pero aún así, Alex era un maestro en hacer que la gente se sintiera... insignificante.

—No es tu problema con quién voy o dejo de ir, Alex —respondí, girándome para enfrentarlo finalmente. Mi mirada era dura, y trataba de mantenerla así, aunque por dentro quería arrancarle esa sonrisa de un golpe.

Él se inclinó un poco hacia mí, todavía con esa maldita sonrisa de suficiencia.

—Oh, pero es que esto es todo un espectáculo. De verdad pensé que podrías hacerlo mejor —murmuró en tono burlón, mirando de reojo a Ethan antes de volver a fijar sus ojos en mí. Su mirada chispeaba con esa mezcla de burla y algo más que no podía identificar—. Y yo que pensé que este sería tu gran momento, Clair. Me decepcionas.

—Vete al infierno —le espeté, cruzándome de brazos y dando un paso hacia él, manteniendo mi postura firme. No le des el gusto de que vea que te molesta, me recordé a mí misma.

Alex se echó a reír de nuevo, pero esta vez fue más suave, como si disfrutara cada segundo de mi frustración. Antes de que pudiera responderle algo más, me volví hacia Ethan, dándole la espalda a Alex, tratando de cortar la conversación de raíz.

Dime que me odiasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora