Mia
El atardecer pinta el cielo de un color dorado que se cuela por las ventanas de la librería. Siento una calma increíble mientras camino entre las estanterías de libros; es uno de mis lugares favoritos, uno de los pocos donde me siento en paz. Paso los dedos por los lomos de los libros en la sección de fantasía, mi sección favorita, mientras busco algo que atrape mi atención y me ayude a relajarme.
Entonces, algo capta mi mirada, y el mundo parece detenerse. Ahí está él: Alex Hill, tan cómodo y tranquilo, hojeando un libro como si ese fuera su lugar habitual. No puedo evitar sentir una mezcla de sorpresa y... bueno, una pizca de disgusto, porque, ¿qué hace él aquí? Me apresuro a dar un paso hacia atrás, escondiéndome en la estantería siguiente antes de que pueda notarme.
Desde mi escondite, lo observo de reojo. Alex tiene el ceño ligeramente fruncido mientras revisa el libro, con una expresión casi concentrada que parece fuera de lugar en su rostro. La luz suave del atardecer le da a su cabello un tono más cálido, y, contra mi voluntad, no puedo evitar notar que le queda... bien. Pero enseguida me sacudo esos pensamientos. Él y yo somos rivales, siempre lo hemos sido, y no es momento de ponerme a admirar nada.
Vuelvo a enfocarme en mi objetivo: encontrar un libro y evitar que me vea. Paso unos segundos más mirando títulos, tratando de no ponerme nerviosa, pero en un descuido, los ojos me llevan de nuevo hacia él. Está tan concentrado en su lectura que ni siquiera me ha notado... aún. Aprovecho para espiarlo un momento más, intentando descifrar qué tipo de libro lo tiene tan entretenido. Lo observo, y, en un instante, no lo veo más. Miro a ambos lados, pero parece que desapareció. Me quedo quieta, intentando procesar la situación.
Y entonces, siento una voz baja y familiar detrás de mí.
—¿Disfrutando la vista?
Mi corazón da un brinco al reconocer la voz, y mi mente se acelera tratando de inventar una excusa rápida. Me giro, manteniendo la cabeza alta aunque mis mejillas estén un poco más calientes de lo que me gustaría admitir. Alex está ahí, con una expresión de lo más divertida.
—No es lo que piensas —le digo, intentando sonar firme. Él sonríe, esa sonrisa que siempre me saca de quicio porque sé que disfruta cada segundo de mi incomodidad.
—¿Ah, no? Porque me parece que estabas un poco interesada en lo que estaba leyendo. ¿O acaso estabas espiándome? —Su tono está cargado de burla.
Decido mantener la compostura. No le daré el gusto de verme nerviosa, me digo a mí misma.
—No te hagas ilusiones, Alex. —respondo, cruzándome de brazos—. Si estaba viendo algo, no era a ti.
Él se ríe y da un paso más cerca, invadiendo mi espacio personal. Su proximidad me pone incómoda, pero no voy a retroceder.
—Entonces, ¿te gusta mirar a escondidas? No sabía que tenías ese... interés oculto. —Su voz es suave, y su mirada tiene ese destello juguetón que hace que cada palabra suya parezca un reto.
Intento no mirar directamente a sus ojos, pero es difícil. Hay algo en su tono y en la forma en la que se inclina un poco hacia mí que hace que mi corazón lata más rápido. Sin embargo, me niego a dejarme intimidar.
—Mira, no tengo ningún interés oculto, y mucho menos en ti —digo con la mayor seguridad que puedo reunir—. Solo estaba buscando un libro, como cualquier persona normal.
Alex sonríe y baja la vista hacia el libro que tengo en las manos. Su brazo roza ligeramente el mío, y mi piel se eriza sin que pueda evitarlo. Me obligo a respirar profundamente, a mantener la calma.
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Dime que me odias
Teen FictionMia Clair y Alex Hill han pasado toda su vida compitiendo. En la escuela, en las pistas, en cada maldito lugar donde se cruzan. Ella lo odia con cada fibra de su ser. Él, en cambio, adora que lo odie. Porque hay algo en la forma en que Mía frunce el...
