El sol se filtraba suavemente a través de las ventanas de la cabaña, lanzando destellos de luz dorada sobre los libros esparcidos por el suelo.
Adrián estaba inmerso en su tarea, pasando de una página a otra, pronunciando lentamente las palabras como si fuera la primera vez que las leía.
Su voz aún era áspera, entrecortada, pero cada intento era más seguro que el anterior.
Lo observé en silencio mientras seguía su esfuerzo incansable, tratando de hacer que cada palabra resonara con claridad.
Yo, por mi parte, continuaba intentando caminar.
Mis piernas aún estaban entumecidas, y el proceso era lento y agotador, pero no podía permitirme rendirme.
Cada pequeño paso que daba me recordaba que, aunque fuera difícil, había progreso.
Me apoyaba en las paredes, dando uno o dos pasos antes de volver a descansar.
Sin embargo, la frustración comenzaba a instalarse en mi pecho.
Adrián me miraba de reojo mientras seguía leyendo, con su habitual serenidad, pero yo sabía que también estaba pendiente de mis movimientos.
De repente, un fuerte golpe resonó desde la puerta, rompiendo el silencio que nos había envuelto todo el día.
Ambos nos miramos sorprendidos.
Adrián se levantó rápidamente, dejando el libro abierto sobre la mesa, y se acercó a la puerta con una mezcla de curiosidad y alerta.
Abrió despacio, y en el umbral, con una sonrisa radiante y los brazos cruzados sobre su pecho, estaba Björn.
-¡Björn! -exclamé, una oleada de alivio y emoción recorriéndome al verlo de pie allí. Su presencia parecía llenar la cabaña de una calidez y seguridad que hacía días no sentía.
Adrián sonrió también, su expresión iluminándose al ver a Björn.
Durante un breve instante, parecieron observarse el uno al otro, como si compartieran algo que no necesitaba ser dicho en palabras.
Björn fue el primero en romper el silencio, inclinando la cabeza con una sonrisa confiada.
-Sabía que eras de confianza, Adrián.
Adrián, con una voz más firme que antes, respondió casi de inmediato:
-Lo mismo digo.
Los ojos de Björn se abrieron con sorpresa, y me di cuenta de que no esperaba oír la voz de Adrián.
-¿No hablabas? -preguntó Björn, frunciendo el ceño, claramente desconcertado.
Adrián levantó una mano y, con un leve gesto hacia mí, dijo:
-Xacnia me salvó.
Björn se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras de Adrián.
Su rostro se suavizó, y una sonrisa enorme apareció en sus labios.
Era una mezcla de orgullo, gratitud y asombro.
Se acercó a mí con pasos decididos, sus ojos brillando con una intensidad que rara vez había visto en él.
-Todo lo que tocas, Xacnia, de alguna manera lo salvas -dijo, su voz llena de afecto.
Antes de que pudiera responder, Björn me rodeó con sus brazos, envolviéndome en un abrazo tan fuerte que por un segundo olvidé el dolor en mis piernas.
Me apoyé en su pecho, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío, y cerré los ojos mientras inhalaba profundamente su familiar aroma de madera y tierra.
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El Mismo Temperamento +18
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar