Cap 73: Heridas y Odios

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El salón estaba impregnado de una tensión sofocante.

Las antorchas titilaban con un brillo incierto, proyectando sombras que parecían moverse como espectros entre nosotros.

Thorgrim, con el ceño fruncido y la voz grave, se alzó frente al grupo reunido.

—Hay alguien entre nosotros que no pertenece a este lugar. —Su mirada recorrió cada rostro, pausándose lo suficiente como para sembrar una chispa de duda—. No es uno de los nuestros. Es alguien nuevo, no es de nuestro bando.

La noticia cayó como un golpe seco, dejando un eco de incertidumbre.

Sentí el peso de sus palabras como una daga al costado.

Mi instinto me decía que esto no terminaría bien.

Había visto lo que pasaba cuando la paranoia tomaba el control de un grupo: sangre y caos.

Algunos comenzaron a hablar entre ellos, susurrando teorías, culpándose entre miradas.

Pero yo no dije nada.

No confiaba en ninguno de ellos, salvo en mi lanza, que ahora sostenía con más fuerza de la necesaria.

La reunión terminó abruptamente cuando Thorgrim nos envió a buscar al supuesto intruso.

Salimos al patio, pero lo que se suponía que sería una búsqueda organizada se convirtió rápidamente en un torbellino de violencia.

Uno empujó al otro, alguien sacó una espada, y en cuestión de minutos, el lugar era un campo de batalla.

Todos contra todos, sin razón ni dirección.

Mis sentidos se afilaron.

Me moví como un cazador entre presas, mi lanza perforando el aire y golpeando con precisión.

El primer hombre que se abalanzó sobre mí cayó con un gemido.

El siguiente intentó atacarme por el costado, pero lo derribé con un giro rápido.

Mis pies deslizaban por el suelo como si fueran parte del viento, y mis golpes eran certeros.

Podía sentir el ardor en mis músculos, pero lo ignoré.

Adrenalina y rabia alimentaban cada movimiento.

Uno tras otro caían a mi paso.

Había sangre en mis manos y en mi rostro, pero mi mente estaba fija en sobrevivir.

Fue entonces cuando lo vi.

Entre la confusión y el ruido, una figura caminaba con calma, como si el caos fuera su escenario y él el protagonista.

Su cabello oscuro y su mirada fría eran inconfundibles.

—La famosa traidora —dijo, su voz como un veneno que se deslizó en mis oídos.

Sentí un golpe punzante en la cabeza antes de poder reaccionar.

Tropecé, mi visión se nubló por un momento, pero logré mantenerme en pie.

Frente a mí estaba Ivar, con una sonrisa torcida en el rostro.

—¿Qué demonios estás haciendo? —le grité, furiosa, apretando los dientes mientras me preparaba para defenderme.

Él no respondió.

En su lugar, avanzó hacia mí con una rapidez que me tomó por sorpresa.

Su primer golpe fue directo a mi costado, haciendo que retrocediera.

El Mismo Temperamento +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora