Cap 51 : Solo el principio +18

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El calor de la mañana me envolvió antes de que abriera los ojos, pero no fue el sol lo que me despertó, sino un suave roce en mi espalda desnuda.

Los labios de Ivar se movían con delicadeza sobre mi piel, recorriendo desde mis hombros hasta la base de mi columna.

Un suspiro escapó de mis labios, involuntario, y una sonrisa cansada se dibujó en mi rostro.

Estaba agotada, pero la sensación era tan reconfortante que no pude resistirme a disfrutarla.

—Buen día, sirena —murmuró su voz grave contra mi piel, con un tono de satisfacción que hizo que mi sonrisa se ensanchara.

Abrí los ojos lentamente, girando la cabeza apenas para encontrar su mirada.

—Buen día —respondí en voz baja, notando que aún estaba medio cubierta por una manta gruesa.

Antes de que pudiera decir algo más, Ivar se inclinó y dejó un beso corto sobre mis labios.

Su calidez me tranquilizó, pero antes de que pudiera relajarme por completo, lo sentí dejarse caer sobre mí con un abrazo fuerte y posesivo.

—¡Ivar! —reí, rodeándolo con mis brazos por reflejo, aunque mi cuerpo protestó ante el peso aplastante—. Pesas demasiado para mí.

Él se echó a reír contra mi cuello, el sonido profundo vibrando en mi piel.

Sin moverse demasiado, apoyó sus antebrazos a cada lado de mi rostro, aliviando un poco la presión pero sin separarse del todo.

Su mirada me atrapó de inmediato, tan clara y luminosa como un día sin nubes.

—¿Qué pasa? —le pregunté, sintiendo un calor inexplicable al ver la felicidad en sus ojos.

Se inclinó aún más cerca, su nariz casi rozando la mía, y su voz salió como un susurro cargado de deseo.

—No sabes las cosas que he querido hacerte.

Antes de que pudiera procesar sus palabras, sus labios capturaron los míos en un beso profundo.

El mundo pareció detenerse por un instante, y mi cuerpo se relajó bajo el suyo.

Sin embargo, el momento se rompió de golpe cuando su cadera presionó accidentalmente contra la parte baja de mi abdomen, justo donde aún sentía un leve dolor de la noche anterior.

-¡Ah!

Un gemido de incomodidad escapó de mis labios, rompiendo el beso.

Ivar retrocedió de inmediato, sus ojos llenos de preocupación.

—¿Estás bien? —preguntó, su voz firme pero cargada de culpa.

Asentí rápidamente, sintiendo el calor subir a mis mejillas.

—Solo un poco de dolor —admití, intentando restarle importancia.

Él frunció el ceño, claramente pensando en algo mientras el silencio se alargaba entre nosotros.

Finalmente, su mirada se suavizó, aunque aún parecía intranquilo.

—¿Te arrepientes? —preguntó en voz baja, casi temiendo la respuesta.

-No-dije con firmeza, sorprendida por mi propia seguridad.

Ivar soltó un suspiro de alivio, aunque sus ojos aún me estudiaban como si buscara algún rastro de duda en mi rostro.

Mi cuerpo, sin embargo, parecía tener su propia voluntad.

Lentamente, mis manos bajaron por su espalda, recorriendo cada línea de músculo, hasta que mis dedos encontraron el contorno de su cadera.

El Mismo Temperamento +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora