Cap 67: El cumpleaños de Xacnia

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Hoy me desperté con una sensación extraña, como si el aire fuera más liviano o el sol más brillante de lo habitual.

Algo estaba diferente, pero no podía identificar qué.

Me vestí como siempre y caminé hacia el gran salón, donde esperaba tomar un desayuno tranquilo antes de continuar con mis tareas diarias.

Sin embargo, al cruzar la puerta, me encontré con algo inesperado: una mesa llena de comida, con platos que no eran habituales, y un aroma que me recordó a los festines de los cuentos que solía leer.

Pero no era solo la comida.

Frente a la mesa estaban Björn, Ubbe, Hvitserk, Sigurd y Ragnar.

Todos me miraban como si esperaran algo, con sonrisas que solo podían significar problemas.

—¿Qué es esto? —pregunté, todavía en la puerta, con una mezcla de sorpresa y desconfianza.

Björn dio un paso adelante, con esa sonrisa amplia y despreocupada que siempre lo acompaña. —Es tu cumpleaños.

Me quedé congelada. ¿Cómo podían saberlo? No se lo había dicho a nadie.

—¿Cómo sabían que era mi cumpleaños? —insistí, entrecerrando los ojos.

Björn no respondió directamente.

En cambio, señaló a Ragnar, que estaba de pie un poco más atrás, con los brazos cruzados y una expresión que intentaba ser neutral, pero que delataba cierta culpabilidad.

—Bueno... Ragnar nos ayudó —dijo Björn con naturalidad.

Mis ojos se clavaron en Ragnar, que apartó la mirada como un niño que sabe que hizo algo mal.

Crucé los brazos y dejé escapar un suspiro.

—Ragnar —dije, intentando sonar severa, aunque la curiosidad me ganaba—, se suponía que era un secreto.

Ragnar levantó las manos en un gesto de inocencia fingida, pero su sonrisa lo traicionaba. —Nunca dije para qué quería saber tu cumpleaños.

Lo miré con incredulidad. —¿Ah, no? ¿Y para qué otra cosa podrías querer esa información?

—Para planear una invasión a tu nombre —intervino Hvitserk, riéndose.

—O para un sacrificio vikingo en tu honor —añadió Sigurd, con una sonrisa burlona.

—Basta ya —dijo Ubbe, golpeando suavemente la mesa con su puño—. Esto es para celebrar, no para asustarla.

No pude evitar reírme.

Estaban siendo ridículos, como siempre, pero no podía negar que había algo cálido en su intención.

—Está bien —dije finalmente, mirando a Ragnar con una mezcla de agradecimiento y resignación—. Gracias… supongo.

Ragnar asintió, visiblemente complacido consigo mismo. —Sabía que te gustaría. Ahora, ¿qué prefieres? ¿Comer o los juegos?

Antes de que pudiera responder, Hvitserk gritó: —¡Juegos primero!

Y así comenzó.

Pasamos la tarde lanzando hachas, disparando flechas y participando en competiciones que eran tan caóticas como divertidas.

A pesar de mi renuencia inicial, me dejé llevar por el ambiente.

—¿Estás segura de que no eres una de nosotros? —me preguntó Björn, sorprendido, después de que acerté tres veces seguidas en el blanco con el arco.

El Mismo Temperamento +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora