Mi respiración era errática, y cada segundo parecía alargarse, como si el tiempo quisiera torturarme con la intensidad de este momento.
Él seguía mirándome con esos ojos que ardían como llamas, desnudándome sin tocarme, provocándome a cruzar una línea que quizás nunca podría deshacer.
Entonces lo decidí.
Me moví sin pensar demasiado, dejando que ese impulso, esa necesidad, me guiara.
Mi mano se posó firme en su hombro, sintiendo la dureza de sus músculos bajo mis dedos.
Él frunció el ceño, desconcertado, pero no se movió ni dijo nada.
Mis dedos se cerraron con más fuerza, y antes de que pudiera reaccionar, empujé suavemente, inclinándolo hacia atrás.
Su espalda tocó la superficie con un ruido sordo, y yo me quedé inmóvil por un segundo, mirándolo desde arriba.
La sorpresa en sus ojos duró apenas un instante antes de que algo más tomara su lugar: un destello de interés, incluso de reto.
Mi cuerpo se movía antes de que mi mente pudiera alcanzarlo.
Apoyé ambas manos en sus hombros, sintiendo el calor que irradiaba de él, y con un movimiento decidido, me subí sobre él, acomodándome en su regazo.
El mundo a mi alrededor desapareció.
Solo existíamos nosotros dos, su cuerpo bajo el mío y la fuerza de nuestras respiraciones chocando en el espacio estrecho que quedaba entre nosotros.
El calor que sentí cuando nuestras pieles se tocaron fue abrumador, como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo desde los dedos hasta el pecho.
Por un momento, dudé, preguntándome si había cruzado un límite que él no permitiría.
Pero sus manos, que encontraron instintivamente mi cintura, me aseguraron lo contrario.
-¿Qué estás haciendo, Xacnia? -murmuró, su voz grave y cargada de algo que no pude identificar del todo.
No era enfado.
Era algo más profundo, más oscuro, algo que resonaba con lo que yo misma sentía.
No respondí.
El aire entre nosotros era pesado, cargado de tensión y deseo.
Sentía cómo sus manos en mi cintura ardían contra mi piel, firmes pero contenidas, como si se debatiera entre dejarme tomar el control o reclamarlo él mismo.
Me incliné un poco más hacia adelante, dejando que mi cabello cayera alrededor de su rostro, y pude ver cómo su mandíbula se tensaba con cada respiración.
-Ivar... -comencé, pero mi voz apenas era un susurro, atrapada en la intensidad de su mirada.
-Deja de jugar, Xacnia -murmuró, con una voz tan profunda y grave que hizo que mi piel se erizara-. Ya no puedo esperar más. Quiero que entres sobre mí.
Su confesión fue directa, cruda, despojando cualquier rastro de resistencia entre nosotros.
Sentí un escalofrío recorrerme, no de miedo, sino de una emoción intensa que quemaba dentro de mí.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, moviéndose de forma instintiva, como si la misma necesidad que ardía en él también habitara en mí.
-¿Así que no puedes esperar? -respondí, permitiéndome un atisbo de osadía, desafiándolo incluso mientras mi corazón latía con fuerza descontrolada.
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El Mismo Temperamento +18
FantasíaXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar