Cap 90 : Voces del Mar

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El sonido de las olas era un bálsamo para mis pensamientos.

El mar, oscuro y profundo, reflejaba el cielo estrellado como si ambos compartieran un secreto.

Caminábamos en silencio por la orilla, con el agua fría rozándonos los pies.

Ivar se mantenía a mi lado, tranquilo, pero con esa intensidad que parecía seguirlo a donde fuera.

Finalmente, me detuve y miré el horizonte.

La brisa marina me revolvía el cabello, y respiré profundamente, dejando que el aire salado llenara mis pulmones.

—Siempre vengo aquí cuando necesito aclarar mi mente —dije, rompiendo el silencio.

—¿Funciona? —preguntó Ivar, con una leve sonrisa mientras lanzaba una pequeña piedra al agua.

—A veces. Pero el caos siempre encuentra la forma de alcanzarme.

Él se quedó en silencio por un momento, como si estuviera sopesando mis palabras.

Luego, con voz baja, dijo:

—Es curioso. Yo siempre busqué el caos, pero contigo parece que lo estoy perdiendo.

Lo miré, sorprendida por su sinceridad.

Sus ojos estaban fijos en el agua, pero había algo vulnerable en su postura, algo que rara vez mostraba.

—¿Eso es algo malo? —pregunté.

Él sonrió levemente, pero no respondió.

En lugar de eso, se agachó para recoger otra piedra y la lanzó al agua con más fuerza, como si intentara disipar un pensamiento molesto.

—¿Qué recuerdas de tu primera vez aquí? —preguntó de repente.

Mi mente viajó al pasado, a un tiempo en el que este lugar era mi refugio secreto.

—Era más joven, más ingenua. Venía aquí a soñar con un futuro diferente. Me sentaba en la misma roca todos los días, imaginando que algún día podría salir de las paredes que me tenían atrapada.

—¿Y lo conseguiste? —preguntó, mirándome de reojo.

—A veces pienso que sí. Otras... no estoy tan segura.

Él asintió lentamente, como si entendiera más de lo que decía.

—Yo también soñaba con salir de algo. Pero no eran paredes. Era de mí mismo. —Su voz se tornó más baja, casi un susurro.

—¿Y lo lograste? —pregunté, devolviéndole la misma pregunta que él me había hecho.

—No lo sé. A veces siento que sí, otras... bueno, ya sabes cómo soy.

Nos quedamos en silencio, escuchando el romper de las olas.

Era como si el mar estuviera hablando por nosotros, llenando los vacíos que dejábamos entre las palabras.

Finalmente, Ivar se giró hacia mí y preguntó:

—¿Por qué estabas tan molesta antes?

Vacilé.

Parte de mí quería mantenerlo todo para mí, pero otra parte anhelaba compartirlo, aunque fuera un poco.

—Discuto con Ragnar constantemente. Todo parece una lucha de poder, incluso cuando no debería serlo. A veces siento que no importa cuánto me esfuerce, siempre termino agotada.

Él me miró con una intensidad que me hizo sentir desnuda ante él.

—Sabes que no necesitas enfrentarlo sola, ¿verdad?

El Mismo Temperamento +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora