Cap 21 : Emboscada

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La emboscada había caído sobre nosotros como una tormenta en plena calma.

Sin previo aviso, el castillo se vio rodeado de enemigos.

Las alarmas resonaban en cada rincón, los gritos llenaban el aire, y yo apenas tuve tiempo de reaccionar.

Había estado vigilando a los esclavos desde una esquina cuando todo se desmoronó.

Los soldados de Ragnar y los hombres de Ivar corrieron hacia la puerta principal, donde el ataque era más feroz.

Sabía que no podía quedarme de brazos cruzados.

Recordé las enseñanzas de mi padre: el agarre firme en la espada, los pasos precisos, la mente fría.

No podía dudar.

Tomé mi espada, la que Ivar me había dado, y me adentré en la batalla.

El caos me rodeaba.

El sonido del metal chocando contra metal era ensordecedor, los gritos de dolor y rabia vibraban en mis oídos.

Era una danza brutal, una coreografía de muerte.

Me moví rápidamente entre los invasores, mis pies apenas tocando el suelo, esquivando golpes y lanzando los míos.

Mi espada cortaba con precisión, cada movimiento fluía como un río.

Desarmé a uno de los hombres con un giro de muñeca, corté el tendón del siguiente con un golpe bajo.

Era rápida más rápida que ellos.

No podía permitirme pensar en la muerte que dejaba a mi paso, en los cuerpos que caían al suelo, ni en los gritos que desaparecían en el fragor del combate.

Mi mente estaba en otra parte, enfocada en una sola cosa: sobrevivir.

Defender este castillo.

Defender mi lugar.

El enfrentamiento pareció durar horas, aunque sé que fueron apenas unos minutos.

Cuando todo terminó, el patio estaba lleno de cadáveres, y tres hombres yacían atados en el centro, prisioneros de los nuestros.

Mis manos temblaban ligeramente, no por miedo, sino por la adrenalina que aún recorría mi cuerpo.

Observé a los prisioneros detenidamente, intentando reconocer en sus rostros algún signo, alguna señal de lo que había detrás de este ataque.

Uno de ellos me llamó la atención de manera especial, aunque no supe por qué de inmediato.

Su rostro cubierto de sangre y suciedad me resultaba inquietantemente familiar.

Pasaron unos minutos antes de que el rey Craven Ilamara a los líderes del castillo a una reunión.

Sabía que no debía estar allí, que no me incluirían en esas conversaciones, pero no podía quedarme quieta sin saber lo que estaba ocurriendo.

Algo en mi interior me empujaba a descubrir más.

Me escabullí por los pasillos,manteniéndome fuera de la vista de los guardias y del resto.

Me moví rápido hasta llegar a la sala de reuniones, donde los líderes ya se habían reunido.

Encontré un rincón oscuro detrás de una columna, donde las sombras me protegerían de cualquier mirada curiosa.

Desde mi escondite, pude oír cada palabra.

El rey Craven hablaba con la misma autoridad implacable de siempre.

El Mismo Temperamento +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora