El patio de entrenamiento estaba tranquilo, salvo por el sonido de los pasos de Ivar y el impacto de su espada contra los muñecos de práctica.
No quería detenerme, pero sabía que si pasaba sin decir nada, él encontraría la manera de arrastrarme a su juego.
Así que lo enfrenté.
—¿No tienes algo mejor que hacer que desquitarte con muñecos de paja? —dije, cruzándome de brazos.
Él se detuvo y giró hacia mí, su sonrisa burlona ya en su lugar.
—¿Y tú? ¿No tienes algo mejor que hacer que espiar? Aunque, claro, lo único que se te da bien es meterte donde no te llaman.
Sentí el calor subir a mi rostro, pero me obligué a mantener la calma.
—Al menos hago algo útil, a diferencia de ti.
Se echó a reír, esa risa que siempre sonaba más como un insulto que como diversión genuina.
—¿Útil? Déjame adivinar. ¿Leer libros y soñar con ser algo más que una simple sirvienta?
Sus palabras golpearon más fuerte de lo que quería admitir, pero no le daría la satisfacción de verme afectada.
—Es mejor que ser un hombre que solo sabe pelear porque no tiene cerebro para hacer otra cosa.
Él dejó caer la espada al suelo y se acercó lentamente, con esa mirada que siempre me hacía sentir como si estuviera a punto de destrozarme.
—¿Y qué sabes tú, Xacnia? —preguntó en un susurro helado—. Eres como una mosca que se aferra a la basura. No importa cuánto te esfuerces, siempre serás alguien insignificante.
Cada palabra era como una daga. Mi instinto me decía que me alejara, pero en lugar de eso, di un paso hacia él.
—Prefiero ser insignificante a ser un monstruo que destruye todo lo que toca.
Su sonrisa desapareció por un instante, pero volvió, más afilada que antes.
—¿Eso crees? Tal vez lo soy, pero al menos soy algo. Tú, por otro lado, ni siquiera sabes quién eres. Eres solo una sombra, un fantasma que no tiene lugar en este mundo.
Mis manos temblaban de rabia, pero no podía dejar que me viera romperme.
—Al menos yo no necesito pisotear a otros para sentirme vivo, Ivar. Eso dice mucho más de ti que de mí.
Él se rió de nuevo, pero esta vez había algo más en su expresión, algo más oscuro.
—Oh, no te equivoques. No necesito pisotearte. Tú ya estás por debajo de mí, y siempre lo estarás.
La espada seguía en el suelo entre nosotros, y antes de que pudiera pensarlo, la recogí y la levanté hacia él.
—¿Por qué no me demuestras qué tan superior eres entonces? —dije, con una sonrisa amarga.
Él alzó una ceja, divertido.
—¿Quieres intentarlo? Muy bien. Pero no llores cuando termine contigo.
El choque del metal llenó el aire cuando nuestras espadas se encontraron.
Sabía que estaba jugando conmigo, dejándome pensar que podía ganar.
Pero no importaba.
Cada golpe, cada movimiento era mi manera de gritarle que no podía destruirme.
Cuando finalmente logré desarmarlo, él simplemente me miró, respirando pesadamente.
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El Mismo Temperamento +18
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar