Cap 50 : Algo mas que un beso? +18

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La habitación se llenó de un silencio incómodo, pesado como el aire antes de una tormenta.

Miré a Ivar, frunciendo el ceño mientras intentaba descifrar sus pensamientos.

Su expresión era un rompecabezas que no sabía cómo resolver, y cada segundo que pasaba sin que él hablara se sentía como una eternidad.

—Es un buen dibujo —dijo al fin, su voz casi un susurro.

Sus ojos se detuvieron en la pintura de un pez que había creado, pero sabía que no se refería solo a eso.

Su mirada atravesaba la superficie, como si buscara algo más profundo en mí.

No respondí.

Nos limitamos a mirarnos, el espacio entre nosotros cargado de palabras no dichas y emociones que amenazaban con desbordarse.

Ivar suspiró, y por un momento, sentí que la tensión se hacía palpable.

—¿Por qué no dejas que entre en tu mundo? —preguntó, su voz mezclada con frustración.

Su pregunta me irritó.

¿Acaso no había hecho eso ya?

Era difícil no sentirme herida por su insinuación.

—No seas desagradecido, Ivar. Si lo hice, me abrí contigo —le respondí, sintiendo cómo la ira comenzaba a burbujear en mi interior.

Él levantó una ceja, y su mirada se endureció.

—¿Ahora soy el desagradecido? Entonces se te da bien confundirme, Xacnia. Pero sabes que estoy harto de este juego: fingir que nos odiamos y luego actuar como si nada.

Sus palabras me golpearon como un golpe bajo.

La rabia se desvaneció, reemplazada por una profunda confusión.

Quería gritarle que no era un juego, que mis sentimientos eran reales, pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta.

—No puedo estar con alguien que no se arriesga por mí, que solo me usa o que simplemente no siente nada por mí. No puedo estar con alguien que no me ama mientras yo me estoy muriendo por ti —sus ojos ardían con intensidad, y mi corazón latía con fuerza ante su declaración.

Las palabras se sentían como un puñetazo en el estómago.

Ivar estaba tan cerca, y su dolor resonaba en cada palabra que decía.

Su sinceridad me dejó sin aliento.

Era verdad; había estado jugando con fuego, pero nunca imaginé que él también se quemara.

Mientras su mirada se tornaba melancólica, me di cuenta de que estaba a punto de irse.

Sin pensar, extendí mi mano y le agarré el brazo.

—Ivar, solo espera —le pedí, sintiendo cómo la vulnerabilidad se apoderaba de mí—. Sé que mis palabras no reparan lo que he hecho.

Él se detuvo, mirándome con una mezcla de incredulidad y deseo.

Sentí la presión en mi pecho aumentar mientras tomaba aire para continuar.

—Sé que soy una maldita cambiante. Ni yo misma me entiendo a veces, pero Ivar… —mi voz se quebró, y le subí el brazo a mi pecho, donde latía mi corazón—. Siento cosas inexplicables pero fuertes por ti.

Su expresión se suavizó, pero aún había una chispa de frustración en sus ojos.

Ivar se quedó en silencio, evaluando mis palabras como si fueran la respuesta a un enigma que no podía resolver.

El Mismo Temperamento +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora