Sirius Black sigue vivo, y después de haber sobrevivido ante el ataque en el ministerio, decide traer de regreso a su única hija.
Lyra Black se crió en un orfanato, lejos de su madre, y teniendo la certeza de que su padre se encontraba en prisión...
"Recién salida de la cárcel, sé a quien será mi primera llamada. Cómo dije en mis cartas, ahora que soy más sabia, nunca volveré a perder a mi bebé. Mis amigos lo intentaron, pero no quise hacer caso, me ven desaparecer a diario por un vistazo de su sonrisa. Todas esas noches que me mantuviste en marcha, te metí en todos mis poemas. Ahora estamos en la línea de comienzo, he cumplido mi condena."
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1997, [Lies will always break your trust, Sirius knows this well]
Ginny Weasley.
Lyra nunca lloraba.
Jamás la había visto llorar.
No en realidad.
Llorar por rabia, por frustración, no era lo mismo a llorar por dolor, por perdida.
Al menos, Ginny jamás había visto a Lyra llorar.
Hasta ahora.
Grimmauld Place era grande, pero a causa de tanta gente dentro de ese lugar, resguardandose de la guerra, parecía reducir su tamaño; Ginny observaba el hogar de los Black en silencio, esperando a que alguien dentro de esa habitación hablara y rompiera con la tensión que comenzaba a incomodar.
Los retratos colgados en la pared de cada miembro de la familia Black la observaban con desdén, agradecía que el cuadro de Walburga estuviera cubierto con una tela de terciopelo verde en el pasillo principal, era suficiente con esas miradas de asco y los gritos por la noche del resto de los retratos y los fantasmas deambulantes.
Ella suspiró, desvió su mirada al techo y comenzó a aburrirse.
Escuchaba a Neil, Remus y Sirius sisear en un rincón mientras que el resto de ellos solo esperaban por alguna explicación.
Jamás los sacaban de Hogwarts, el castillo era territorio seguro, la orden del fénix no solía arriesgarlos tan seguido; y no solo estaba ella, su hermano Ron, Hermione y las chicas, Harry y Lyra también habían sido traídos a Grimmauld Place a pesar de lo riesgoso que era el camino.
Lyra y Harry eran esas fichas en el tablero que la orden del fénix más cuidaba, sus fichas más preciadas. Ginny sabía que, si ellos también eran tratados igual que el resto, entonces estaban en verdaderos problemas.
El aire se sentía tenso. De hecho, nada parecía sentirse bien ahora mismo.