Sirius Black sigue vivo, y después de haber sobrevivido ante el ataque en el ministerio, decide traer de regreso a su única hija.
Lyra Black se crió en un orfanato, lejos de su madre, y teniendo la certeza de que su padre se encontraba en prisión...
"No podría amarte más, te has convertido en mi cielo. Creo que ya no te quiero, esa mina de oro te cambió. Ya no tienes que abrazarme, nuestra cueva está colapsando. Ya no quiero ser yo. Creí que estabas loco, tú creías que me amabas".
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1997, [Trusting you has ruined my life]
Neil O'brien.
PASADO.
Neil recuerda el día en dónde conoció a Lyra.
El cielo estaba nublado y la nieve caía, llenando el pavimento del color blanquecino que helaba sus huesos.
Londres era frío, pero Francia parecía estar a punto de convertirse en el nuevo Polo Norte, con los lagos congelados, los troncos formando picos de hielo que podían clavarse fácilmente en tu cráneo si tenías mala suerte y sin tener la suficiente calefacción si no tenías a disposición una varita en tu mano.
Escuchaba constantemente sobre Lyra, y de hecho, cada fin de semana, cuando la orden del fénix se reunía para investigar sobre el paradero de Voldemort, Alessia se encargaba de darles un detallado informe sobre la mala suerte que ella traía y lo cruel que era a su tan temprana edad.
Nadie creía en la palabra de Alessia, al menos, eso había creído por demasiado tiempo.
La curiosidad era peligrosa, pero muchas otras veces, te podía cambiar por completo la vida.
La curiosidad había llevado a Neil tomar un puñado de polvos flú y aparecer en Francia, exactamente, en el orfanato donde Lyra vivía.
Había sido una sorpresa encontrar el sitio desaliñado, con la pintura desprendiéndose de las paredes y la estructura desmoronándose poco a poco; ventanas empañadas, piso sucio, miradas apagadas y un silencio cruel.
No era el lugar que Alessia describía, en lo absoluto.
No habían risas, ni muggles ricos mimados por el sitio, mucho menos una estructura aristocrática parecida a la realeza. No había felicidad.
Neil era poderoso, pero en esos tiempos, aún no era lo suficiente como para tomar a Lyra y llevársela lejos de ese infierno; él aún no era un ministro, no tenía cientos de soldados respaldandolo. Así que, era un martirio para él entender que, no importaba que tanto se esforzara, Alessia jamás dejaría ir a Lyra de ese lugar por voluntad propia.
No fue una sorpresa para Neil terminar encantado con la bruja tan brillante y rota que era Lyra, corrompida a tan poca edad y con una mirada apagada, muerta en sus ojos azules; verla tirada en esa habitación de aislamiento, con sangre sobre sus muslos y heridas brutales en su espalda baja, temblando por el frío y hambrienta, solo encendió en él ese instinto de protección que haría en el futuro, que Lyra se convirtiera en alguien intocable para el resto.