Sirius Black sigue vivo, y después de haber sobrevivido ante el ataque en el ministerio, decide traer de regreso a su única hija.
Lyra Black se crió en un orfanato, lejos de su madre, y teniendo la certeza de que su padre se encontraba en prisión...
"Es la cosa que menos querías. (Dime, ¿de que lado estás, querido?) Es la primera cosa que haces. (Dame algunos consejos para olvidarte) Me cuentas tus problemas. (¿Me has convertido en uno de tus problemas?) Y te digo la verdad. (¿Podría ser sencillo está vez?) Te digo que creo que estoy enamorado de ti otra vez. Y lo arruinaré todo".
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
1997, [Lyra, can you feel the weight of your mistakes? Well, it's just the beginning].
Mattheo Riddle.
SEMANAS DESPUÉS.
Pisar Azkaban jamás había estado en sus planes.
Había sido criado con una mentalidad diferente, tal vez, había heredado la sinvergüenza de su padre, y era por eso que creía estar eximido de cualquier culpa.
Aún así, nada de eso era justificación suficiente.
Había sido traicionado. Vilmente traicionado.
Y su sentido de la realidad poco a poco se esfumaba, así como su puta felicidad.
Su celda cada vez se volvía más y más fría, la humedad en las paredes, de alguna forma, lastimaba cada respiración que daba; y no era suficiente castigo.
Usaba el usual uniforme que lo diferenciaba de un mago en libertad, su cabello azabache estaba asquerosamente sucio y físicamente brutalmente herido por los Aurores que eran enviados por el ministro de magia y la orden del fénix.
Y de hecho, no les bastaba con sus torturas con magia, o con sus palizas, porque todos los días sin falta, era atormentado por dementores que deseaban extraer su alma, que saboreaban sus recuerdos más preciados y le arrebataban su felicidad como si fuera algún tipo de manjar.
Estaba drenado, con su rostro pálido y enfermo, débil y sin poder levantarse, y realmente furioso. No había espacio para otra emoción real, más que el rencor, la ira y el deseo de ir por esa mujer que lo había traicionado.
Lyra.
Su esposa.
Había perdido todo: su libertad, su felicidad, y su hogar.
Porque Lyra era su hogar. Era todo lo que tenía.
Su celda hacia eco, así como el resto de celdas que lo rodeaban; podía escuchar los gritos de los demás presos, así como también los gritos de su propia hermana.