Sirius Black sigue vivo, y después de haber sobrevivido ante el ataque en el ministerio, decide traer de regreso a su única hija.
Lyra Black se crió en un orfanato, lejos de su madre, y teniendo la certeza de que su padre se encontraba en prisión...
"Hemos tomado caminos diferentes y recorrido diferentes rutas, sé que siempre terminaremos en el mismo cuando seamos viejos. Y cuando estemos en las trincheras y bajo fuego yo te cubrire. Si estuviera muriendo de rodillas tú serías el que me rescataría, y si estuvieras ahogandote en el mar te daría mis pulmones para que pudieras respirar. Te tengo hermano. Vivimos diferentes vidas, solo el cielo sabe si vamos a regresar".
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1997, [Beautiful Nikova, welcome to my corrupted world]
Lyra Black.
Sentía su piel desgarrada.
Sus huesos rompiéndose lentamente.
Sabía lo que significaba; la tormenta torrencial entraba por los orificios podridos de madera de la que estaba construida la cabaña, y de alguna manera, Lyra podía sentir a lo lejos a los carroñeros rodear el lugar.
Ella gritó.
Tenía a Dorian limpiando el sudor frio de su frente, y por otro lado, Theodore le exigía seguir pujando para que así, diera vida a su hijo.
Era un dolor irreal, completamente desconocido y brutal; porque no importaba que tantos libros de maternidad habría leído, o cuánto se hubiese preparado para ese momento, la realidad era mucho más cruda: Lyra jamás estuvo lista.
Su magia burbujeaba junto a la pequeña, delicada e inocente magia de su bebé, como si fuesen uno solo, como si su hijo realmente estuviera preparado sin importarle la crueldad con la que el mundo lo recibiría.
Ella no sabía ni siquiera el sexo de su bebé, no le importaba, pero hasta ese momento, tenía la esperanza de que fuera un varón; no era una ideología sexista o machista, más bien, todo lo contrario: si Lyra daba a luz a una niña, entonces temia que tuviera el mismo cruel destino que el suyo.
Theodore sacaba sabana tras sabana, telas blancas que ahora chorreaban de su sangre; y al mirar los ojos verdes de su hermano, entre su vista nublada ante el dolor y la inconsistencia que quería tumbarla, entendió lo que sucedía: Lyra se desangraba. Los únicos gritos que retumbaban en esa habitación eras los suyos, a única excepción de las ordenes de su hermano y las breves explicaciones que Dorian tenía por dar.
Eran los unicos en ese lugar. Ni Elijah, ni Harry, ni Eloise, ni Ron, ni los gemelos estaban ahí.