Sirius Black sigue vivo, y después de haber sobrevivido ante el ataque en el ministerio, decide traer de regreso a su única hija.
Lyra Black se crió en un orfanato, lejos de su madre, y teniendo la certeza de que su padre se encontraba en prisión...
"A veces me pregunto si terminarás arruinando esto conmigo, todos los qué conocemos saben por qué debemos terminar juntos. Porque estamos locos, así que dime, ¿quien va a amarme? En la cena me quitaste el anillo de mi dedo medio y lo colocaste en dónde las personas se ponen anillos de bodas, y eso fue lo más cerca que he estado de qué mi corazón explote. ¿Quien te abrazara? Yo. ¿Quien te conocerá? Yo. Solo somos dos idiotas".
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1997, [A son, a secret and our life ruined]
Lyra Black.
Algo dentro de ella, una punzada dolorosa, la hacía sentir insegura de lo que tenía en mente hacer.
No lo entendía.
Era débil cuando se trataba de Mattheo.
Pero, ¿podían juzgarla?
Tenerlo frente a ella, cara a cara, mirándola como si fuese lo único real en el mundo, la única cosa que necesitara... bueno, la dejaba completamente a su merced.
Lo amaba. Lo amaba tanto que comenzaba a doler.
¿Debía de doler de esa manera?
Los ojos de Mattheo brillaban mientras más la observaba, ese azul de una tormenta recordándole lo perdida que estaba cuando él la miraba.
Con esa sonrisa cruel, esa mandíbula marcada y relamiendo sus labios cada que sus manos tocaban la cintura de Lyra, parecía no ser tan malo como sabía que lo era.
Pero lo era.
Sus manos temblaban, él la tomaba con fuerza y Lyra no podía controlar su deseo por tenerlo cerca, al menos, por una noche más.
Pero no era posible, ya no.
Lyra no podía reconocerlo, no más, no podía entender como era que se habían perdido tanto en el camino, como habían llegado hasta ese punto. Pero no había vuelta atrás.
Ella habría deseado ser recordada por Mattheo, tal vez así las cosas serían diferentes, tal vez ahora estarían recorriendo las calles de Francia, libres, lejos de la guerra. Sintió un nudo en su garganta.
Se había perdido en su mirada azulada, aferrándose al ramo de rosas rojas que Grace había conseguido en una tienda muggle, sintiendo como algunos pétalos caían al suelo ante el temblor de sus manos y sin poder reaccionar realmente a lo importante.