Acto 20

102 18 6
                                        

Los días continuaron con amarga cotidianidad, Sakura aún se sentía extraña a la ausencia de Shaoran, pese a qué él se ofreció a ir todas las mañanas por ella para ir a la escuela juntos, y le pesará menos, aunque también era cierto qué en el momento en el que Touya se enteró, tampoco le agrado o puso buena cara, sin embargo, era por Sakura qué, a muchos regañadientes accedía o entendía que no debía decir nada al tema.

—Hola princesa, buenos días —la saludo afuera de su puerta.

—Hola Shaoran —sonríe—, buenos días. —Cierra tras de sí.

—¿Nos vamos?

—Sí —comienzan a caminar por el pasillo—, dime, ¿Ya te acoplaste otra vez?

—Ja ja ja, ¿Qué quieres saber en realidad princesa?

Sakura se avergonzó, puso un mechón de su cabello castaño detrás de su orejita, aquel chico de uno ochenta de alto la veía fijamente, observando lo linda que se veía así, sonriendo por sus gestos, sus expresiones, feliz de poder compartir con ella la mañana.

—¿Me extrañas? —preguntó tímida.

Shaoran se quedó helado, por supuesto qué la extrañaba, pero jamás imaginó qué fuera ella la qué le hiciera tal cuestionamiento. Tras bajar las escaleras, Shaoran la acorraló contra la pared, acercándose indiscriminadamente a ella, susurrándole con delicadeza.
—Por supuesto princesa, extraño verte dormir, sentir tu calor, tu aroma, qué me abraces más cuándo sientas frío, que subas tu piernita en mí, y qué cuando me levante te gires y te hagas bolita, te extraño a cada instante princesa, te extraño tanto.

—Entonces quédate —susurró.

—Sakura.

—Quiero que vuelvas a casa, conmigo.

—Princesa…

—Me siento muy sola sin tí, Shaoran. Por favor.

Shaoran acarició su mejilla, pegó su frente a la suya, y, aunque la quería besar, se contuvo, no era el momento para eso, más bien, le susurró algo que para ella significaba aún más.
—Siete mil setecientos dieciocho.

Sakura fijó su mirada a él, y entonces se abrazó a su cuello sin despegar sus frentes, respondiéndole igual.
—Siete mil setecientos dieciocho.

Tras eso, ambos se separaron, debían continuar su camino hacía la escuela preparatoria Mizu.

En la parte trasera de su bicicleta Sakura, sostenida de la cintura de Shaoran, apoyando su cabeza en su espalda, miraba el cielo, fascinada de eso, encontrando por fin su respuesta. Decidida a ese miércoles de febrero darle a conocer eso, a su psicóloga. Tristemente para ella, el viaje terminó, debía separarse una vez más de ese chico alto de uno ochenta y ojos miel.

—¿Regresamos juntos?

—Shaoran, es miércoles. —Sonríe.

—Ah, cierto. Entonces, mañana será —dijo un poco triste.

—Acompañame.

—¿Qué?

—Sí, ven conmigo.

—Pero, ¿No sé supone es un lugar íntimo?

—Ja ja ja, pues sí, pero no es para que entres a sesión. Además, quiero pasar la tarde contigo, anda di que sí, ¿Puedes, puedes? —suplicó entrelazando sus deditos, haciendo una carita inclusive más dulce.

Shaoran al verla sabía que no se podía negar, la amaba tanto que no le importaba ceder ante sus caprichos, y bueno, también a él le gustaba la idea de estar juntos toda la tarde, se volvió un ganar ganar entre ambos.
—Tú ganas princesa. A la salida nos vemos para ir a tu sesión.

Elígeme a mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora