Tristemente, las cosas no resultaron tan fáciles.
Después de que Sakura se duchó y salió de su departamento, Shaoran intentó por todos los medios posibles cumplir con su palabra, cumplir con lo establecido, pero no pudo. Ese mismo viernes, mientras estaba acostado en la cama de esa niña que tanto amaba, viendo fijamente el techo, en completa oscuridad y soledad, sus lágrimas fluían como río sin cause, no lo toleró más, tomó sus cosas y salió de aquel departamento, sin importar siquiera que fueran las dos de la madrugada… qué Sakura no estuviera le pesaba, pero más, porqué aunque ella nunca le dijo a dónde es que iba, con quién iba y cuando volvería, Shaoran sabía perfectamente qué saber las respuestas tampoco le sentarían bien. Y bueno, bendita ignorancia.
Aunque bueno, llegar a su propio departamento no hizo las cosas más sobre llevaderas, aún, en completa oscuridad, sentía el acribillante peso de sus palabras, de sus promesas, de sus sentimientos… Xiaolang Li siempre fue un chico de palabra, siempre fue leal ante sus compromisos, y luego, la
conoció a ella, la niña que hizo de su mundo algo total y completamente nuevo, y ahora ella, esa misma niña que tanto adoraba, sabía que tenía algo que hacer, algo que incluso le costaba mucho. Pero, bueno, tenemos qué entender algo, Shaoran adoraba a Sakura, lo hacía con tal devoción que sin dudar la seguía, pero, ¿Por qué se fue? Bueno, es verdad que su lealtad era inquebrantable, y luego llegó está situación, él sabía que la seguiría ciegamente a dónde le dijera, qué la esperaría eternamente de ser necesario, pero, estar ahí, solo, en su cama, oliendo su dulce aroma, ese aroma a gomitas que siempre le encantó de ella, lo hacía insostenible, más que nada, porque conocía el verdadero motivo de su ausencia, y, aunque estar él en su departamento no hizo que el sentimiento desapareciera, consiguió al menos, hacerse a la idea de que era lo necesario para esa niña, “no se juega con el valor justo”, palabras incrustadas en su ser gracias a esa pelirosa de uno cincuenta de alto.
Las horas, las acribillantes y extenuantes horas solo fueron el preámbulo del horrible fin de semana que le esperaba, pues, conforme avanzaba el segundero, el tiempo solo le sentenciaba lo mucho o poco que le faltaba para saber de ella, aunque, tampoco quería recibir esa llamada. Me explico, ¿Quién en su sano juicio espera con ansias el volver de la persona qué más amas a sabiendas de qué su ida fue meramente carnal con alguien más? La cabeza le daba vueltas, y no era para menos, sentía náuseas, sentía un enorme, enormísimo, vuelco en su interior, ese que sientes cuándo tienes unos niveles astronómicos de estrés, dónde ni sentado ni de pie, ni acostado o parado, con o sin alimentos te deja en paz. Nada, absolutamente nada saciaba su malestar… y la noche era joven, apenas eran las cuatro de la mañana.
Las horas transcurrían entre acribillantes pensamientos y la inevitabilidad de la realidad, Shaoran mantenía su vista fija al punto inexacto de su techo, aventando la sábana con su pie, jalándola igual para cubrirse, los ojos los tenía realmente hinchados, rojos, llenos de legañas, incapaz de poderlos cerrar, llorando de impotencia, de frustración, de dolor… ¿Qué más podía hacer? ¿Qué se suponía debía hacer? Giró la vista al taburete junto a su cama, vio el reloj, las cinco treinta de la mañana. La angustia lo consumía poco a poco un poco más.
De milagro puede decirse que consiguió cerrar los ojos, el cansancio en su cuerpo ganó, Shaoran dormía, pero no plácidamente, suspiraba entrecortado, resbalándole una que otra lágrima, soñando incluso su propia miseria… Ocho de la mañana, Shaoran abría sus ojos, completamente destruido, completamente deshecho, le dolía la cabeza, le dolían los ojos, le dolía el pecho, le dolía respirar, veía su teléfono, es verdad que no esperaba nada, es verdad que no quería nada, pero, bueno, el destino suele ser tan caprichoso muchas veces. Abría la mensajería, y, ahí, había un mensaje de ella que decía:
“Cómo la llama que arde, nada que sea atrapado en el flujo del tiempo se repetirá… para mostrar que hay milagros que los dioses no pueden realizar”.
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Elígeme a mí
Fanfiction"Prefiero no intimar con nadie; hacerlo significa qué conozcan mis secretos, mis miedos, mis demonios, y no estoy preparada emocionalmente para eso".
