Acto 35

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Aquel viernes por la tarde, después de qué Sakura se despedía de Shaoran suspiraba con algo de pesar, sabiendo que solo era mantener el equilibrio ante todo, pero sin dejar de no sentirse realmente convencida ante todo… llegó hasta la residencia de esa su mejor amiga, la zona donde vivía realmente era opulenta, a pesar de ello, Sakura en ningún momento se sintió intimidada, una majestuosa mansión tradicional en tonalidades rojizas la esperaba, al pasar al genkan y quitarse sus tenis, reverencio al ama de llaves, una mujer hermosa de cabellos rojizos, y mirada sincera, la llevó hasta tokonoma, Sakura asentía, se sentaba en el zabuton, escasos segundos estuvo con esa mujer, se oían pasos corriendo con prisa, se abría de golpe el fusuma, al verla Tomoyo sonrió ampliamente, se acercó hasta su mejor amiga y le tomó las manos.

—Vamos a mi habitación —le dijo muy sonriente—, Kiyomi por favor lleva el té a mi habitación.

—Sí señorita. —La reverencia.

Tomoyo jaló a su mejor amiga de la mano, caminaban por el engawa, Sakura sin embargo observaba con discreción el chisen–kaiyu–shiki, le sorprendió ver el inmenso lugar, y en el centro, una shishi-odoshi, algunos peces koi y varios árboles de bambú, un espacio sumamente encantador y mágico, un lugar donde el tiempo no había transcurrido en realidad.

Al llegar a la habitación de Tomoyo fue más de lo mismo, aunque había un detalle a destacar, y era un kakemono, aunque no uno cualquiera, era un retrato de Sakura sentada en el cerezo que tanto adoraba estar.

Aquella niña de orbes esmeraldas y cabellos rosados miraba con detenimiento, no esperaba nada, no quería saber nada, y entonces Tomoyo la abrazaba por la espalda, se apoyaba en su hombro, acurrucándola con su cuerpo.

Lo mandé hacer después de tomarte esa fotografía.

—No tenía idea de que lo hubieras hecho cuando me pediste tomarme esa foto.

—Te soy sincera, esa foto se volvió mi más grande tesoro, y mi madre —sonríe—, compró kakemono de un árbol de cerezo, entonces yo —dice tímida—, quise qué ese recuerdo invaluable fuera todavía más especial.

Sakura no le dijo nada, no había nada que decir, llegaba la señora Matsumoto Kiyomi con la charola en mano, las tazas y la pequeña tetera, además de algunos dulces para acompañar. Dejaba todo en el kotatsu, para, a los instantes retirarse sin más.

—Mamá quiere conocerte —le dice muy contenta mientras sirve el té—, y bueno, yo también estoy emocionada porque la conozcas. —Sonríe.

Sakura no le dijo nada, se sentó sin más y tomó la taza, bebía de ella, escuchando a esa niña de ojos lilas, respondiendo a sus preguntas, pero completamente ida en otros asuntos.

—Sakurita, ¿Por qué aceptaste venir sin más, aún a sabiendas de mis intenciones?

—Creo que antes de emitir un juicio determinativo, debo conocer en realidad todo lo que conlleva, y no solo guiarme por simples situaciones, aunque reconozco con ustedes nada es simple —sonríe—, en fin, sí quiero darles una respuesta a sus sentimientos, debo esforzarme por descubrir mis sentimientos, y para ello, también es necesario conocerlos mejor.

—¿Seré yo tú primera experiencia? —preguntó divertida—, ¡Qué honor!

—Ja ja ja —ríe nerviosa—, desconozco de lo mucho que se puede hacer o no, en todo caso, eres la primera niña qué me confiesa sus sentimientos.

—¿Y estás bien con eso? ¿Qué una chica te desvirgue? Porque creo que ambas entendemos que conlleva, ¿Verdad?

—Sí, lo entiendo, y sí, está bien, no hay problema.

Elígeme a mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora