Acto 28

86 11 4
                                        

Cinco de la tarde, Sakura salía de la tienda de artesanías en la cual había empezado a trabajar, intentó escabullirse, y no ser vista por aquel moreno de uno noventa de alto y ojos carmín, pero lo cierto fue que todos sus intentos fueron en vano, pues Kurogane la había visto y muy bien desde qué salió, algo tímida, pero sobre todo resignada no se oponía, ¿Qué le podía decir? ¿Hoy no? ¿Después? ¿Tengo un compromiso con alguien más? Cada cuestionamiento sonaba más absurdo que el anterior… Y más, porque en realidad Sakura estaba en ese lugar porqué según ella, y acentuemos el “según ella”, ninguno de sus amigos tendría tiempo para estar a su lado en esas vacaciones.

—Vamos por un helado, ¿Te parece? —le dijo con voz gentil, acercándose a su altura.

—Sip. —Sonríe algo sonrojada.

—¿Por qué huías, niña?

—¿Ah? Ja ja ja, bueno, es que, quería llegar temprano a casa.

—¿Por qué? —preguntó entre risas.

—Porque dejé a Shaoran ahí —dijo temerosa.

—Hmm, eso cobra más sentido aún, pero —se acercó indiscriminadamente a ella—, ahora estás teniendo un tiempo conmigo —sostiene su mentón con suavidad—, hermosa niña —susurro.

Sakura abrió grandes los ojos, las mejillas le explotaban en carmín, no podía decirle nada, y bueno, tampoco es que esa niña de metro y medio quisiera decirle algo negativo, después de todo, sí quería encontrar la respuesta a sus sentimientos, y darles a cada uno una respuesta sincera, debía saber y estar consciente de a quién y por qué escogía… La verdad no quisiera estar en sus zapatos, una carga muy compleja para cualquiera, y ella, ella solo era una niña de quince años.

Llegaron hasta el área de comida, Sakura se sentaba en una de las mesas disponibles, veía su entorno, jóvenes disfrutando de la tarde, personas en solitario caminando, algunos con bolsas de compras, amigas paseando, grupos grandes y pequeños, gente grande y gente joven, se llegó a cuestionar absolutamente toda su existencia, es difícil entender porqué lo hacía, pero digamos que cada cosa la hacía muchas veces reflexionar sobre todo a su alrededor. Kurogane la observaba, llevaba años observándola, había aprendido a ver sus gestos, qué implicaba cada sumergir de su mente, muchas veces sonreía, muchas más la miraba fascinado, otras con impotencia, después de todo Sakura Amamiya era sumamente compleja de definir…

Cuando se acercó a ella, esa niña rompió su sueño despierto, sonriendo con ternura hacía aquel chico que le ofrecía el vasito de helado.

—¿Cómo te fue en tu primer día?

—Interesante, ahora entiendo que los compradores pueden ser un tanto estresantes —sonríe avergonzada—, procuraré qué en mis compras futuras no ser tan exasperante.

—Ja ja ja, ¿Eres de las qué preguntan hasta el más mínimo detalle?

—Algunas veces —deja la cuchara en su lengua—, depende de la compra.

—Sakura, quiero preguntarte algo más íntimo, ¿Puedo?

—Ujum.

—¿Puedo en algún momento aspirar a tener la cercanía qué tienes con Shaoran?

Sakura se puso roja, se dió cuenta que era cierto, todos tenían las mismas oportunidades, pero todo se volvía una completa mentira cuando ella dormía en la misma habitación, la misma cama con Shaoran, y no con los demás, eso la llevó a cuestionarse, sí en realidad ella estaba siendo justa, sí en verdad cualquiera podía aspirar a concretar algo o eran simples falacias disfrazadas de falsas esperanzas.

—B-bueno, s-supongo qué sí…

No era necesario decir que Sakura estaba más que avergonzada, su habla no solo la delataba, la exponía a qué Kurogane, siendo como es él, aprovechará la oportunidad, después de todo, era una competencia contra el tiempo.

Elígeme a mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora