Acto 11

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Los meses siguieron su curso y con eso, el recordatorio constante de que la preparatoria estaba cada vez más cerca, ya era enero. La fría y blanca nieve inundaba los hermosos paisajes de Kōzan en un majestuoso blancor, el leve crujir de la nieve, y el frío que se experimentaba eran espectaculares, sobre todo en el templo Kōzan Seishin-ji.

¿A qué preparatoria irás?

—Mizu.

—Quiero ir contigo.

—No es necesario Tomtom, prometo que seguiremos siendo amigas.

—Nop, nop Sakurita, yo quiero ir a la misma escuela que tú, quiero escribir mi historia a tu lado.

—Ja ja ja, ay Tomoyo, no cambias.

—¿Acaso quieres qué cambie?

—Yo no he dicho eso. En todo caso, no es que termines haciendo o diciendo o complaciendo mis deseos. Tomoyo debe pensar por Tomoyo, no por Sakura.

—Haz cambiado mucho desde que nos conocimos —sonríe—, ya no te envuelve el miedo.

—Ja ja ja, mentira, siempre tengo miedo, pero como una vez te dije, no permitas que nadie vea tus vulnerabilidades…

—Haré lo que esté a mi alcance para no dejarte, lo prometo.

—No lo hagas Tomoyo, házlo porque sea lo que tú deseas, no por mí, nunca por mí.

—Sakura…

—Ya tengo suficiente con Touya, con Yuuko, con Clow… Ya cambié sus vidas, no puedo pedirle a nadie más lo mismo, no me atrevo a hacerlo una vez más.

—Está bien, lo prometo. Cambiando de tema, ¿Por qué te gusta venir aquí?

—Cuando recién llegué a Kōzan le pedí a mis padres venir al templo, mi intención era darle mis respetos a la diosa Tsukuyomi, pero —se sonroja—, también le pedí otra cosa, a cambio le prometí siempre venir a rendirle tributo.

—¿Y cumplió tu deseo?

—Lo hizo —sonríe—. Aún estoy en espera de uno más, espero me pueda ayudar.

—Eres tan inocente Sakura.

—Hmm, ¿Por qué lo dices?

—Por nada importante.

Ambas niñas bajaban por las altas escaleras al cielo, a paso lento, a paso firme, caminando lentamente, hasta llegar con aquel moreno que las estaba esperando.

—¿Lista enana?

—Chi. —Sonríe.

Diez de la mañana Sakura aún no despertaba, estaba abrazada de ese castaño de uno ochenta de alto, con su brazo y su pierna encima de él, por su parte Shaoran solo la observaba sin moverse, verla dormir le resultaba tan relajante

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Diez de la mañana Sakura aún no despertaba, estaba abrazada de ese castaño de uno ochenta de alto, con su brazo y su pierna encima de él, por su parte Shaoran solo la observaba sin moverse, verla dormir le resultaba tan relajante. Su semblante lleno de paz, de tranquilidad, su taciturna respiración, sus rítmicos latidos llenos de suavidad; no se atrevía a amedrentarla, solo sonreía, pues no quería que ella, dejará de descansar. Sin embargo, lo que no previó ese castaño era que el teléfono celular de esa niña empezará a sonar como campana de catedral, toda adormilada, se giraba, golpeando con su mano el taburete de su lado, encontrando por fin su teléfono.

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