Acto 17

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Aquel afilado cuchillo desgarró con una inquietante facilidad la piel de… ¿Su espalda?

—¡¡¡Princesa!!!

Un grito desgarrador resonaba con eco por toda la calle, por todo el templo, por todas las escaleras. Yuen-yee fruncía el ceño, sí bien, su plan también era deshacerse de Sakura, no quería que fuera la primera. Piso la espalda de esa niña para arrancarle el cuchillo clavado en su piel, Sakura lloraba, pero no le daba esa satisfacción a esa mujer de gritar del dolor.

—Princesa —dijo completamente ido, temblandole los dedos.

—Tranquilo —susurro—. Yo te protegeré.

Las lágrimas de Shaoran se hicieron cada vez más grandes, tenía miedo, estaba asustado, pero entre tanto, estaba realmente sorprendido por lo que Sakura resultaba hacer por él. Yuen-yee, claramente molesta, le gritaba con odio y con ira a esa niña de ojos esmeraldas.

—¡Aléjate de él, mocosa! Xiaolang es mío, mío y de nadie más. ¿Qué no sabes lo mucho qué nos amamos? ¿Por qué insistes en estorbarme, estorbarnos? ¡No eres nada, maldita huérfana!

—Tienes razón —respondió con dificultad—, no soy nada, soy huérfana, pero hay algo en lo que te equivocas. Shaoran no es tuyo, ¡Él no es un objeto! Él no te ama, es más te aborrece, y sí sientes que te estorbo, es porque claramente él no está correspondiendo tu fantasía retorcida.

La ira de Yuen-yee se hizo más notoria, volviendo a apuñalar con fuerza la espalda de esa niña. Sakura por su parte, apretaba con fuerza sus ojos, sus manos, pero seguía sin gritar, seguía sin quitarse del pecho de Shaoran.

—¡Muérete de una maldita vez, huérfana de mierda!

—Ja ja ja, ¿Es el único insulto qué te sabes? Eres un tanto patética, un tanto exacerbada, nada especial, sumamente común, iletrada y del vulgo.

—Y tú solo eres un estorbo, una mocosa que solo ofrece lástima a los que te rodean, estás sola y eso nunca cambiará, es más, ni siquiera conoces realmente lo que significa amar. Y es que Xiaolang y yo nos amamos, y tú solamente tienes envidia y tratas de separarnos, tratas de alejarlo de mí, pero créeme mocosa, qué eso no te funcionará.

—Es verdad, yo siempre voy a estar sola, mis padres murieron, y puede que sea cierto que no sé lo que significa amar… ¡Pero tú tampoco lo sabes! Mis padres antes de morir me amaron inquebrantablemente, y, luego me adoptó una familia, y qué creés, mis padres adoptivos también me aman, se preocupan por mí, me cuidan y están conmigo. La qué en verdad no conoce el amor eres tú, ¡No lastimas a quién amas!

Los ojos claros de Yuen-yee destilaban odio, cambió la posición en la que tenía tomando el cuchillo, empuñándolo con mayor brusquedad, dando una nueva apuñalada al ya de por sí frágil cuerpo de Sakura.

—¡Muérete! Muérete, muérete, muérete —decía llorando con desespero.

Sakura cada vez más débil, seguía sin moverse, seguía protegiendo a ese castaño, el cual solo estaba horrorizado, sintiendo cómo poco a poco se iba mojando su pecho de la sangre de esa niña.

—Princesa —dijo inaudible.

—No me moriré —alcanzó a decir—, no me quitaré —tosió—. Protegeré la sonrisa de Shaoran, lo juro.

Las lágrimas caían a borbotones de los ojos miel de ese castaño, no sabía qué decir, se sentía tan vulnerable, pero tampoco sabía que hacer, sentía que era un completo inútil, aterrorizado ante el miedo que suponía ser esa mujer de cabello negro y ojos claros. Yuen-yee por su parte deformó su rostro, tomó a Sakura de su mano izquierda, y, cómo sí de una muñeca de trapo se tratase la alzó sin mayor dificultad, miró fijamente a Shaoran, y, con voz escalofriante le musitó.
—Despídete de la violinista.

Elígeme a mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora