Acto 41

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Martes de noviembre, cinco de la mañana. Sakura estaba duchándose, estaba emocionada, pero no nos confundamos, su emoción no era de felicidad, era más bien, de incertidumbre ante la posibilidad de una respuesta positiva…

Decidía mantener la calma, por el bien de la trama, ya qué si no estaba embarazada, pues todo bien, pero y si sí, ahí sí debía bajarle a su azúcar. Se miraba confundida en el espejo del baño, ella estaba segura, pero las suaves palabras de Shaoran la envolvieron como enredadera, sintiéndose galantemente engatusada. Suspiraba resignada, «ya que».

Se vestía con su uniforme escolar, pero ahora, la pulcritud de su uniforme no era la misma, su falda se veía sumamente hermosa, perfecta, pero ella no se fajaba la camisa de manga larga, no anudaba bien su corbatín, no se molestaba en usar el suéter de su instituto. Se hacía su acostumbrada media coleta con ese lazo verde que Shaoran le había hecho, también, usaba su sudadera gris con blanco, prenda que jamás le devolvió a ese castaño de uno ochenta de alto.

Y simplemente salió, esa mañana no quiso desayunar, tampoco irse en bicicleta, solo se puso los audífonos, y subió todo el volumen, es más, hasta le colocó el cable para que resonara con mayor fuerza, sumergiéndose en una sola y única canción. Una qué, la envolvía en algo que ella podía definir, paz.

Sus pasos eran sumamente lentos en retrospectiva. Porque en realidad ella iba a paso normal, constante, y, sin embargo, esa chica sentía que avanzaba sin avanzar, que, por más que ella caminara no iba a ningún lado. Puede simplemente que fuera él absorto absoluto de su mente, puede que solo no se diera cuenta, pero la realidad era más amplia, Sakura Amamiya no era consciente del tremendo estrés que una sencilla respuesta le podría cambiar el futuro; la vida. E hizo conforme pensó era lo correcto, solo continuar caminando… simple, llano, interdefinido.

Llegó hasta el hospital, para ese momento ya eran las seis treinta, habían pasado cuarenta y cinco minutos, poco más, poco menos. La sangre le hervía, sus mejillas se coloraron de carmín, la respiración era exacerbada, la cara le sudaba, su semblante se veía inquieto, los dedos le temblaban, el estómago le volcaba, las agruras la invadía y, para rematar, una punzada certera en las sienes… lo tenía todo.

—Buenos días señorita —dijo con la más falsa tranquilidad—, vengo por unos resultados de sangre.

—Ah sí. Nombre, por favor.

—Amamiya, Sakura.

—Aquí están, bonita —le extiende el sobre—. Por favor, firmame de recibido y sería todo.

—Por supuesto.

—Muchas gracias, lindo día.

—Gracias, igualmente. —Se va.

Cinco minutos… Ese fue el tiempo exacto que se tomó esa niña en decidir si los abría ahí mismo o esperaba… podría parecer incoherente con el nivel de estrés que estaba, sin embargo, la verdad no era tan simplista para esa niña, la duda siempre radicaba en lo mismo, en saber que Sakura Amamiya era una acotación más que paradójica… así qué sí, Sakura… Sakura hacía lo que ella siempre hacía, ser predecible dentro de lo impredecible… siendo impredecible dentro de lo predecible.

Verificó la fecha, verificó su nombre, sus datos, todo marchaba bien… y entonces, sus ojos esmeraldas se clavaron justo en el DX. Tragó grueso. Suspiró con fuerza. Y leyó.

DX: Prueba de Embarazo - Negativo

Sakura respiró aliviada… la sangre le fluía con normalidad, su corazón se tranquilizó, su nerviosismo dejó de existir, todo, absolutamente todo volvía a la normalidad, sonreía para sí misma… y, pensaba en Shaoran, se acercaba a la avenida y tomaba un taxi, quería llegar con él lo más pronto posible.

Elígeme a mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora