Acto 37

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Habían pasado los días, septiembre duró demasiado para esa niña de cabello corto teñido de rosa, al menos era lo que ella sentía… la realidad es que el tiempo solo es relativo dependiendo de qué lo argumente, y, en este caso, septiembre, para Sakura, fue más largo que solo treinta días, y ni siquiera duró completo el mes, sin embargo, los segunderos del reloj caminaban tácitos hasta el siguiente ciclo, creando un bucle inter definido del orden y el caos, de lo cotidiano y remunerador, entre los sublime y lo vulgar.

Las paradojas que solía vivir día con día esa niña eran, por decir lo mínimo, cautivantes, dejémoslo así, Sakura Amamiya tenía su encanto, uno, para nada convencional.

Los almuerzos con su grupo de amigos continuaron siendo habituales, pero tanto Tomoyo como Kurogane guardaban en receloso silencio el no continuar, el aceptar una derrota que nunca se les dijo, pero que sí divisaron, ya solo quedaba Touya en el juego, aunque bueno, más temprano que tarde, se terminaron por enterar.

La tarde de la primera semana de octubre se sentía algo pesada, melancólica, los inicios de octubre siempre fueron especiales para esa chica, pero en esta ocasión se volvía solo el siguiente mes del que ya estaba, posiblemente se sentía así por no poderle dar respuestas claras o sencillamente por el vacío que llevaba a cuestas al no poder intimar con Shaoran… fuese como fuera, esa niña de orbes esmeraldas estaba actuando más rara de lo habitual, al menos introspectivamente.

—Mi niña —toca la puerta—, ¿Puedo pasar?

Sakura se levantó de golpe, abrió la puerta de su departamento, dejando pasar a su madre, la cual lleva galletas recién hechas, esa niña entendía, o bueno, realmente no, pero sabía que su mamá quería que compartieran el té.

Sakura comenzó con los preparativos de esa bebida caliente, Yuuko se acomodaba en la barra de la cocina, del lado del desayunador, observando silenciosa y meticulosamente a esa niña; le extendió la taza acompañada de un pequeño plato, el azúcar, la crema. Sakura bebía un pequeño sorbo de su caliente té, y su mamá solo la veía, aunque no fue por mucho tiempo.

—¿Cómo va tu tratamiento?

—Bien, aún me faltan días para concluir. Fue una infección urinaria muy fuerte para literal, haberme medicado por tanto tiempo.

—Ja ja ja.

—¿No estás molesta por eso?

—Hmmm, no es tan simplista, por supuesto que me molesta que no fueras precisamente cuidadosa, pero también me siento agradecida porque me tuvieras la confianza al decirme, me siento agredida por parte de Xiaolang, aún cuando a mí no me ha hecho el mal, y al mismo tiempo lo veo y me causa una gran ternura por como te trata, es complicado mi niña. Pero, sí es lo que quieres, yo apoyo tus decisiones —sonríe—, cómo siempre lo he hecho.

—¿No le has dicho a papá, verdad?

—¿Quieres que le diga? —preguntó con sarcasmo.

—No —carraspea—, digo, no es necesario que le digas.

—Ja ja ja, creo qué lo que en verdad deseas saber es que sí Touya ya sabe.

—... —bufa el aire—, ¿Y sí sabe?

—Ja ja ja.

—¡Mamá!

—Una vez le dije a Touya que decirte que te amaba conllevaba no solo expresar sus sentimientos, sino estar dispuesto a escuchar tu respuesta, una que pudiera no ser la misma…

—Pero… es mi mejor amigo, mamá. Es Touya.

—Y con mayor razón debería saber, ¿No te parece?

Yuuko no dijo más, se levantó de su asiento, besó la frentecita de su hija, salió del departamento con taciturnidad, esa misma con la que entró. Sakura en cambio volvía a su introspección, más o menos.

Elígeme a mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora