Cuatro treinta de la mañana, Sakura se alistaba, tenía que ir a su terapia de rehabilitación, lo cierto era que ya se había acostumbrado a esa rutina; se realizó una cometa alta, su cabello ya había crecido más, llegando le hasta la cintura, por tanto, un peinado de ese estilo, le sentaba muy bien, aquel día de febrero el sol brillaba mucho, aunque aún se sentía un poco el frío. No se veía animada, no se veía desanimada, no se veía feliz, no se veía triste, no se veía radiante, no se veía miserable. Sakura Amamiya solo estaba, algo complejo de explicar, pero ¿Qué no es complejo con esa niña? Tras peinarse, revisar lo impoluto de su uniforme bajaba para comenzar a preparar el desayuno, Shaoran que aún estaba adormilado, se levantó de golpe al ya no oírla, la seguía, se adelantaba y, la frenaba.
—Ah, ah, ah —negaba—, el desayuno corre por mi cuenta mientras estés aquí.
—Ja ja ja, Shaoran, ni siquiera estás vestido.
—Nimiedades princesa, nimiedades.
—Ja ja ja, ¿Entonces en qué te ayudo?
—A verte hermosa.
—Ja ja ja, ¡Shaoran!
—No me gustaría que te lastimaras, sobre todo con… —se calla.
—Tranquilo —sonríe—, también no me puedo detener por eso.
—Sí, pero…
—Pero nada, eso incluye ir a la escuela el día de hoy.
—¿Estás segura? Sí quieres nos podemos quedar, comer palomitas y ver una serie.
—Ja ja ja, Shaoran.
—Solo lo menciono, ¿Quieres salir?
—No, no quiero salir, no quiero verme en la necesidad de explicar porque tengo un moretón en la cara, pero tengo que hacerlo Shaoran.
—No sí no quieres, me quedaré contigo.
—Muy dulce demonio travieso —acaricia su mejilla—, pero ya no puedo faltar a la escuela por no sentirme bien…
—Sí pero…
—Una vez —lo interrumpe—, alguien me dijo, alguien qué es sumamente importante para mí, dijo: ‘No te rindas, sé más fuerte’. Él confía en mí, no puedo defraudarlo —susurra—, además yo le había dicho algo también. —Sonríe.
—Ichi-go Ichi-e.
—Chi —sonríe—. No sé cómo decirte, pero has sido una roca fuerte para mí, desde lo más simple que ha sido quedarte conmigo en silencio, hasta literalmente tomarme en tus brazos y sacarme del lugar. Gracias por todo Shaoran.
Shaoran sonrió, la tomó de su mejilla, la sana, pegó su frente a la suya y le susurro.
—Siete mil setecientos dieciocho.
—Siete mil setecientos dieciocho.
Cuándo decidieron separar su frentes comenzaron a apurarse, después de todo debían continuar con su lunes, su caótico y nada cotidiano lunes.
Llegaron al hospital, Sakura se esforzaba con crecientes ganas a su rehabilitación, la cual comenzaba a ser más lenta, sin frustrarse y con determinación seguía; pese a lo agotadora qué está era, se dirigía al instituto escolar Mizu, en compañía de Shaoran, el cual le ofrecía una botella de agua y algunas pastillas, Sakura sonreía, solo Shaoran sabía de ese hecho.
Nunca se atrevió a decirle a nadie qué, su fisioterapeuta le recetó medicamentos para controlar los infernales dolores a sus nervios, pese a no tener cierto grado de sensibilidad. Un espasmo cruel que la azotaba día tras día, noche tras noche, sesiones tras sesiones, un latigazo incandescente que la consumía lentamente, dónde su sonrisa era una máscara que ocultaba el tormento que la devoraba por dentro, algo que solo Shaoran sabía.
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Elígeme a mí
Fanfiction"Prefiero no intimar con nadie; hacerlo significa qué conozcan mis secretos, mis miedos, mis demonios, y no estoy preparada emocionalmente para eso".
