Catorce de febrero, cinco con siete de la mañana, Sakura, bastante soñolienta tenía un pan tostado con mermelada en la boca, la mañana seguía igual de fría que un día anterior, solo que ya no nevaba, salía bien enchamarrada, con bufanda y guantes, con gorrito y mallas, se despedía en voz alta y cerraba bien la puerta. Su andanza hasta el hospital ocurrió sin ninguna novedad, es curioso que ese viernes en particular pareciera de antología, tras su terapia de rehabilitación, Sakura llegaba a su escuela. Y, tal como se lo había prometido a su amigo, lo esperaría en el árbol de cerezo que tanto le gustaba detrás de la biblioteca.
La brisa matutina comenzaba a soltarse, el leve canturreo de las aves a la distancia se escuchaba, pese a eso, Sakura se quitaba la bufanda, comenzaba a sentirse un tanto sofocada, eso o realmente no quería admitir que los nervios se la empezaban a comer viva, se quitaba el gorro, se quitaba los guantes, desabotonaba un par de botoncitos de su chaqueta, esperando con impaciencia a que llegara Shaoran. Tras unos minutos más lo vio, se veía sumamente encantador, con una enorme sonrisa, con un ramo de flores, con una pequeña bolsa de regalo, se dió cuenta qué Shaoran iba totalmente en serio con esa niña, sonrió un poco afligida, pues, aún no se sentía preparada para, de la noche a la mañana distanciarse tan abruptamente.
Shaoran al verla no podía evitar sonreír, se veía tan linda, con una media coleta, con el broche qué él mismo le había comprado, con las mejillas rosas, con una mirada tímida, era ella y solo ella lo que Shaoran tanto amaba. Se acercó, Sakura lo veía fijamente y comenzaba a sonrojarse. Shaoran no se detenía, tomaba su carita con su mano disponible y, la besaba, un apasionante beso sutil, Sakura no entendía, y, pese a eso, seguía besándolo, aceptado de manera implícita ese acto, tras separarse, Shaoran le sonreía, acariciaba con ternura su carita y le decía:
—Eres tú aquello qué más quiero, eres tú lo más importante en mi vida, eres tú la que me motiva a continuar, aún estando lejos de mí, te quiero a tí, te necesito a tí, me he enamorado de todo eso qué eres tú. Una ambivalencia, una contradicción, una errata constante, un acierto cálido, nunca antes me había sentido así por alguien, lograste lo imposible, me diste un lugar al cual decir quiero pertenecer. Me gustas Sakura Amamiya, princesa… Elígeme a mí, de entre todo, elígeme a mí.
Sakura abrió grandes los ojos, por fin entendía qué Shaoran la amaba a ella, sus mejillas se tiñeron de carmín, sus nervios se hacían notorios, sonreía nerviosa, había momentos en los qué no podía ver a la cara a Shaoran, él por su parte sonreía, verla actuar así le resultaba encantador.
—Vaya, no esperaba esto —dijo con la mirada desviándose al suelo, con voz tímida, con mejillas rojitas—, fue muy conmovedora tu confesión, yo, bueno, sabes en realidad que yo aún no sé lo qué quiero, pero —lo mira fijamente—, prometo pensarlo, tal como te había dicho antes. —Sonríe.
—Ja ja ja, me encantas —la besa con ternura—. Me encantas tanto princesa. Gracias por enseñarme lo de los chocolates, aunque debo decir qué yo ya sabía hacerlos, pero quería estar más tiempo contigo, son de almendras princesa —le extiende la bolsa de regalo que lleva—. También te traje otro pequeño presente qué sé qué amarás, y tus flores favoritas, ¿Sabes lo realmente difícil qué fue encontrar peonías en invierno?
—Ja ja ja, eres un demonio travieso —sonríe—, aunque no puedo culparte por querer pasar tiempo conmigo o tratar de conocerme mejor. Eres muy dulce.
Shaoran se avergonzó, desvió levemente su mirada, Sakura acariciaba con ternura la mejilla de él, Shaoran volvía a conectar su mirada con la suya.
—Te amo.
Las mejillas de Sakura se tiñeron al instante, no esperaba escucharlo decir eso, sonreía con timidez y bajaba su carita. Shaoran sonreía por su actos, alzaba su mentón y la volvía a besar, metiendo su lengua, provocando qué esa niña jadeara, quedando acorralada entre los labios y pecho de Shaoran y aquel tronco del cerezo aún sin florecer.
—Podría acostumbrarme a esto —susurro.
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Elígeme a mí
Fanfiction"Prefiero no intimar con nadie; hacerlo significa qué conozcan mis secretos, mis miedos, mis demonios, y no estoy preparada emocionalmente para eso".
