Habían pasado los días, ya eran inicios de marzo, el ciclo escolar estaba por concluir, a escasas dos semanas de pasar al segundo año de preparatoria. Sin embargo, Sakura seguía procesando con diligencia aquel nuevo vínculo afectivo que existía con cada uno de esos cuatro, sí bien las cosas se habían mantenido en una falsa taciturnidad, eso nunca la desanimó por completo.
Ese día, saldría a dar un paseo con su mejor amiga.
Tomoyo Daidouji había llegado temprano al departamento de esa pequeña niña, tocaba la puerta con un poco de nerviosismo, suspiraba con emoción contenida, bailaba en su lugar esperando con paciencia a que su mejor amiga le abriera, los segundos parecían eternos, y, cuando la desesperación le comenzaba a ganar terreno, Sakura abría la puerta con una enorme sonrisa.
—Hola Tomtom, buenos días.
—Sakurita —la abraza—, buenos días. ¿Estás lista?
—Sí.
Aquella castaña de metro y medio se despedía en voz alta, y cerraba la puerta, Tomoyo la observaba, sonreía, se colgaba de su brazo y comenzaba a halarla, Sakura se reía. El calor del clima de primavera se empezaba a sentir con mayor afluencia, ambas chicas iban caminando, platicando un poco de todo, platicando un poco de nada, Tomoyo estaba realmente fascinada con la idea de poder pasar el tiempo con esa niña qué tanto amaba, y, al llegar a la zona mercante, y pasear entre las tiendas, un sentimiento cálido inundó el pecho de Tomoyo, pues, con una sonrisa tímida, con la mirada baja, con un gesto suave, se atrevía a tomar la mano de su mejor amiga, sin embargo, y aunque siempre era algo que hacían, está vez podía sentirse realmente diferente, entrelazaba sus dedos con los de ella. Sakura se sonrojaba, bajaba su carita llena de vergüenza, Tomoyo la miraba de reojo y sonreía.
—Tomtom, quiero hacerte una pregunta.
—¿Qué sucede Sakurita?
—¿Por qué me consideras tu persona más importante? —La mira fijamente.
Tomoyo se quedó escasos segundos sorprendida, después de eso sonrió, una suave y tierna sonrisa.
—Porque eres tú. Una niña sumamente dulce, cálida, amable, bondadosa. Me encanta tu carita tierna, tus ojos me fascinan, existe una luz que me deja sin palabras. Desde que te conozco, en verdad te conozco, nada es igual, yo no soy igual Sakura, me has dejado sin nada, y al mismo tiempo me lo has dado todo. Escuchar tu voz me pone a mil.
Sakura la miró sorprendida, sus mejillas se tiñeron de anarandajo, Tomoyo sonreía tiernamente y, la besaba; un beso suave que lentamente se hacía cada vez más apasionado, dejando a ambas niñas sin aliento demasiado rápido.
—Perdóname, me dejé llevar —dijo jadeando.
Sakura no le respondió, pero negaba con su rostro, con una linda sonrisa tímida, ambas niñas siguieron caminando, hasta qué llegaron al cine; aquella castaña de metro y medio de alto se veía emocionada por una película en particular, Tomoyo por su parte miraba sorprendida a su mejor amiga, la ternura que le emanaba esa niña de orbes esmeraldas la deshacía por completo, con un suave gesto se dirigía a la taquilla y pedía entradas para ambas, al notarlo Sakura se avergonzó, intentó disuadir a su amiga de pagar ella su entrada, sin embargo Tomoyo se negó rotundamente, lo mismo ocurrió en la dulcería, Sakura insistía en ser ella la que invitará pero solo consiguió el mismo resultado.
La sala estaba prácticamente vacía, solo eran esas dos niñas de quince años, felices, comenzaron a correr hasta la parte trasera, una vez acomodadas siguieron platicando, riendo y divirtiéndose, después de todo, después de la confesión, ella seguían siendo amigas.
La película daba inicio, el silencio entre ambas se hizo presente. El transcurrir de los minutos poco a poco iba siendo más notorio; existió una escena dónde besaban apasionadamente a la protagonista, Sakura, se veía maravillada, pues aquella singular película era la adaptación de uno de sus libros favoritos, Tomoyo por su parte giraba su vista de vez en vez, adornando la sola idea de ella, idealizando un posible panorama juntas, en el cual ella fuera la elegida por su tan querida amiga, y así se mantuvo, imaginando, con expectativa a flor de piel, hasta qué no pudo más. Alzó el posa brazos, ese que le daba cierta distancia con aquella niña de orbes esmeraldas, tomó su mejilla con suavidad, como sí de un tesoro invaluable se tratase y la besó, un beso que inició siendo sutil a uno más intenso y apasionado, uno que Sakura no rechazaba. Lentamente, entre los besos y la falta de aire, Tomoyo deslizaba su mano por el cuello de aquella pequeña castaña, haciendo suspirar a esa chica de orbes esmeraldas, la cual jadeaba en sus labios, enloqueciendo mucho a esa niña de ojos lilas.
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Elígeme a mí
Fanfiction"Prefiero no intimar con nadie; hacerlo significa qué conozcan mis secretos, mis miedos, mis demonios, y no estoy preparada emocionalmente para eso".
