Siete de la mañana, lunes, regreso a clases.
Sakura estaba delante de su espejo de cuerpo completo, se realizaba una media coleta con su cabello corto, colocaba su broche de flor de cerezo, peinaba su flequillo con sus dedos, acomodando cada aspecto de su rosado cabello, moviendo delicadamente su zarcillo de pez Koi color negro, verificaba la pulcritud de su uniforme escolar, su corbatín bien anudado, su tableada falda bien planchada, su impoluta blusa blanca, sus calcetas largas color blanco, poniéndose encima su suéter rosa con fresas. Shaoran la observaba detenidamente sentado en la cama de esa niña, cuándo terminó, él se acercó a ella, le dió un pequeño beso a sus labios y ella sonrió. Salieron rápidamente de su departamento, casi corriendo, pues no quería esa pelirosa que se enteraran sus padres que se había quedado todo el verano y hasta el final con Shaoran metido en su departamento.
Se iban al departamento de ese castaño de cabello largo, bueno, no tan largo, a la nuca en realidad. Al entrar los dos, Shaoran subió rápidamente hasta su cama, Sakura se quedó en la cocina, y comenzó a preparar algo para los dos, después de todo, ni desayunaron, cuando Shaoran bajó, ya traía puesto su uniforme, aunque la pulcritud del mismo no era igual a la de esa niña, iba desfajado, con la corbata floja, con el cabello claramente no tan corto, con una media coleta y un listón rosa que acomodaba ese peinado, con un zarcillo en la oreja izquierda, Sakura sonreía al verlo así, se había vuelto un rebelde, y de eso, ella era la única culpable.
Se acercaba a ella con actitud seductora, y pues, la verdad esa mirada miel, era capaz de desarmar a cualquiera, aquella pelirosa sonreía nerviosa, Shaoran la tomaba por la cintura, pretendiendo besarla, pero ella, ¡Ah, ella! (Suspira) Le metía prácticamente a la fuerza el onigiri a la boca, Shaoran sencillamente se reía. Pero, a pesar de todo, de las cosas y como se iban dando, nada parecía importante. Salían del departamento de ese chico, la escuela preparatoria Mizu los esperaba.
Llegaban hasta su aula, Sakura estaba sentada en su pupitre, Shaoran se sentaba justo delante de ella, giraba su silla, ella lo veía y sonreía, estaba apoyada en su mano, es interesante como ellos hablaban sin necesidad de emitir sonido alguno.
Una chica de cabello azabache se asomaba por la puerta de aquel salón que no era el suyo, buscaba con la mirada a esa su mejor amiga, la extrañaba mucho, tanto que no podía esperar hasta el almuerzo para poderla volver a ver, pero, esa lilacia no vio a esa niña, sino a ese castaño, ¿Coqueteando con una chica de cabello rosa? ¿Quién era ella? ¿Dónde estaba Sakura? La sangre le hirvió, se metió sin más al aula, dió un fuerte manotazo a la mesa dónde estaba apoyado aquel chico de ojos miel, y aquella chica de cabellos rosados.
Shaoran alzó su mirada irritado hasta ella, Tomoyo sencillamente le reclamaba.
—¿No qué realmente querías a Sakura?
—¡Tan encantadora como siempre, Daidouji! —dijo con claro sarcasmo, lleno de fastidio—, en todo caso, no es tu asunto, ¿Oh, sí?
—Por supuesto qué es mi asunto, no dejaré que lastimes a mi mejor amiga, qué también es la niña que más amo —respondió molesta—. Y tú —se dirigió a la pelirosa—, qué sepas que no eres la única con la qué se porta galante, hay… —se quedó callada.
Sakura le sonreía tiernamente a su mejor amiga, Tomoyo la miraba extasiada, sacaba al instante su celular y le tomaba una fotografía a esa niña.
—Sakurita, te ves preciosa. Pero ¿Por qué rosa?
Sakura sonreía tímidamente, pero los ojos lilas de Tomoyo no pasaron por alto cada uno de los detalles, el cabello corto de Sakura, el color rosado, el zarcillo en su oreja derecha, miró de reojo al castaño… cabello más largo, una media coleta, igual a la de su mejor amiga, un listón ¿Rosa?, un zarcillo en su oreja izquierda, puso más atención y, lo notó, aquel par de aretes eran el complemento del otro. Tomoyo hizo un gesto suave, una sonrisa llena de irritabilidad, tomó a su mejor amiga de la oreja, y también al otro chico, sacándolos por la fuerza de ese salón.
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Elígeme a mí
Fanfiction"Prefiero no intimar con nadie; hacerlo significa qué conozcan mis secretos, mis miedos, mis demonios, y no estoy preparada emocionalmente para eso".
