Se quedó estática esa niña de dieciséis años, a Shaoran ya lo habían perdido sus ojos esmeraldas de vista, una suave caída de lágrimas era todo lo que le quedaba «¿Qué hice?» se repetía con triste afán.
Tomó su bicicleta y, aunque en realidad tenía la urgencia de encontrarlo y decirle qué lo sentía, lo cierto fue qué, decidió no darse prisa, él también necesitaba su tiempo, su espacio… y ella no podía llegar como si nada a invadir sus momentos reflexivos o impulsivos, ella también estaba confundida con respecto a cómo sentirse, qué hacer, por dónde empezar.
Y sin más… esa chica de media coleta y cabello hasta los hombros color rosa pastel había llegado a su escuela preparatoria, alzó su mirada y vió fijamente la entrada, con semblante taciturno, pero sentimientos confundidos, bajó con vergüenza la cabeza… «ya llegué». Mirando el inmenso suelo debajo de sus pies.
Paso a paso llegó hasta el estacionamiento, suspiro a suspiro dejó su bicicleta, respiró hondo, y, caminó, era lo que debía… pero ¿Hasta qué punto uno se puede permitir continuar sin romperse más? Continuó y, vio a Touya, él estaba practicando solo, bajó a paso más que lento hasta la cancha, su mejor amigo no la había visto, así que ella solo le habló, acción que asustó un poco a ese moreno de ojos café.
—Toto.
—Mierda, enana… —la vio rara—. ¿Qué tienes? —le preguntó preocupado.
—¿Alguna vez he sido insensible contigo con intención?
—No, pero lo cierto es qué muchas veces sí eres insensible sin buscarlo.
—¿Puedes decirme en qué momento lo fui?
—El día de la tormenta que te fuiste con él, por ejemplo. —Desvió la mirada.
—... —Bajó su mirada al suelo.
—Yo sé qué tenías miedo —dijo sin verla—, qué aunque me aterra decirlo, ese sujeto te protege de algo más grande, algo que yo nunca pude hacer o más bien, que hice hasta que llegó él… pero esa simple acción tuya, fue, —suspira—, fue un poco triste para mí.
Aunque también sé y te reconozco lo mucho que te preocupas por los demás, como el buscar entender tus sentimientos, sin herir a nadie. Pero esa simpleza tuya, esa verdad que aflora en tí es, es… tan inocente, creo que por eso nadie te lo toma a mal, porque no buscas dañar, solo eres ingenua.
—Lamento que mis acciones te hicieran sentir poco querido, valorado o respetado —le hace una reverencia mientras sus ojos se inundan de lágrimas—. No lo volveré a repetir. Discúlpame.
Touya sonrió, no esperaba que esa niña cambiara, en realidad sabía cómo era y así la amaba, pero se sintió impotente, después de todo, no se disculpaba por haberle hecho el mal, o sea sí, pero no tan así, me explico, lo hacía porque había lastimado a alguien más, y por ello le pedía su consejo. Y, nuevamente Sakura le hacía daño sin querer, pero, bueno… avanzar también lastima.
Sakura se despidió de su mejor amigo con un suave movimiento de dedos, Touya dejó su mano estática y un leve sonreír. Le dolió, le dolió mucho, suspiró con fuerza «sin importar nada, te protegeré, porque te amo». Con los ojos rojos, con las fosas nasales extendidas, con el apretar de sus labios, con su corazón resquebrajado… conteniendo el llanto que amenazaba con salir, por saber, qué la había perdido por completo.
Caminó lentamente esa chica por los amplios patios de la escuela, escuchando sin escuchar, más bien circulándole las palabras dichas por Touya, pérdida entre lo real y lo imaginario; iba corriendo una niña de también dieciséis años, que ella conocía demasiado bien, ambas sin verse en su totalidad, se estampaban las dos. Tomoyo sobaba su cabeza, tenía sus ojos cerrados por el dolor, se disculpaba en repetidas ocasiones, y luego miraba a la niña con la que había chocado, Sakura sonreía, también se sobaba pero minimizando ese hecho, pero Tomoyo la tomaba de sus manos con preocupación.
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Elígeme a mí
Fanfiction"Prefiero no intimar con nadie; hacerlo significa qué conozcan mis secretos, mis miedos, mis demonios, y no estoy preparada emocionalmente para eso".
