15

248 34 4
                                        

La donación continuó hasta que comenzó a oscurecer. Los niños, con ojos brillantes de emoción, desenvuelven sus nuevos juguetes, disfrutando de cada detalle mientras yo no podía dejar de preguntarme si esos peluches eran los mismos que había revisado por dentro, ocultando secretos que probablemente, nunca conocerían.

A lo lejos, el Sr. Winston estaba rodeado de personas, incluida su esposa, quien lo tomaba de la mano cariñosamente, participando en una conversación animada con reporteros y otros asistentes, todos maravillados por su "cariñoso corazón". Sabía que si la gente supiera la verdad sobre él, se sorprenderían. Esa imagen perfecta que proyectaban era una farsa. Mientras los observaba, me preguntaba si la Sra. Winston lo amaba realmente, o si, al igual que yo, era simplemente una mujer atrapada en una mentira. Un papel que jugaba porque no había otra opción.

Un hombre regordete y calvo se acercó a nosotros  con una gran sonrisa y una energía desbordante, sacándome inmediatamente de mis pensamientos.

—¡Qué agradable visita! —dijo con entusiasmo, acercándose rápidamente—. No me he presentado. Soy el director de este orfanato, solo quería darles las gracias. Les aseguro que ya hemos recibido la donación, y me encargaré de que llegue a los niños indicados.

Un guiño hacia Nicolás y la forma en que se acerco a nosotros me hizo entender que no hablaba solo de juguetes. Había algo más que no quería que yo supiera.

—Es un placer igualmente —respondió Nicolás, su sonrisa tan forzada como siempre—. El verdadero agradecimiento debería ir hacia mi padre.

—¡Oh, claro! No lo olvidaré. Y recuerda a William que estaremos en contacto —dijo en voz baja antes de dedicarme una mirada curiosa. Le respondí con una sonrisa enigmática, sabiendo que había algo entre nosotros que no quería revelar.

Me di cuenta de inmediato de que el hombre esperaba algo más de mí, aunque no sabía qué. Sin embargo, rápidamente me ajusté.

—Un placer, Aurora —dije, reconociéndome por primera vez.

—¡Aurora! Qué nombre tan espectacular —dijo, con una risa abierta, mirando a Nicolás y luego a mí—. ¿Ustedes dos son una pareja de enamorados, verdad?

—¿Cómo es que lo sabe? Pensamos que lo disimulábamos bien —respondí, riendo mientras tomaba la mejilla de Nicolás con un gesto juguetón.

—¡Cómo no saberlo si se nota a la distancia! Pero bueno, tendré que seguir platicando con ustedes en otro momento, tengo que atender unos detalles. —dijo el hombre retrocediendo con una sonrisa dandole un ligero toque en el hombro a Nicolás antes de desaparecer entre la multitud.

Lo despedí con una sonrisa encantadora, como si fuéramos viejos amigos, pero al ver la expresión de Nicolás, su ceño fruncido y los ojos brillando con una mezcla de confusión y molestia, supe que no le había gustado en absoluto.

—¿Qué demonios haces Aurora? —preguntó, su tono bajo, cargado de incomodidad.

—¿Hacer qué? —respondí, sin mirarlo, mientras me arreglaba el vestido, pretendiendo no notar su irritación.

—Todas esas sonrisas, esas bromas, no actúas como normalmente eres —dijo, la furia contenida en su voz y en su mirada.

Le sonreí, mi expresión tranquila, casi desafiante, sabiendo que eso lo desconcertaría.

—Solo estoy intentando salvar tu imagen, cariño. A partir de ahora, seré la esposa perfecta frente a todos. Pero cuando termine el día, volveré a ser la misma de siempre.

—¿Ah, sí? —preguntó, su mirada aún fija en la mía, claramente desafiándome .

Sin darme tiempo para responder, me tomó del brazo con firmeza, tirando de mí hacia un rincón apartado, donde la luz de las farolas apenas nos alcanzaba, sumiéndonos en una oscuridad que solo incrementaba la tensión entre nosotros.

LOS WINSTONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora