23

197 24 1
                                        

*En Hospital Saint Bridge, su solicitud va en contra de nuestra política de privacidad. Si desea hacer alguna consulta sobre personal médico o historial de un familiar, favor de presentarse personalmente con identificación oficial.

Gracias por su comprensión.

El mensaje seguía ahí, abierto en la pantalla de mi celular. Lo había leído la noche anterior, pero aún me quemaba en la memoria.

La televisión estaba encendida desde temprano. No por costumbre, sino por necesidad. Necesitaba ruido, distracción, algo que me impidiera pensar demasiado.

Pero ahí estaba él. Otra vez.

Y lo hace oficial esta mañana: el Sr. Winston anuncia su candidatura a la alcaldía de Saint Bridge. Entre aplausos, su discurso ha sido recibido con entusiasmo por la comunidad empresarial y sectores políticos conservadores.

En la pantalla, el Sr. Winston alzaba los brazos como si estuviera bendiciendo a toda la ciudad. Detrás de él, una gran pancarta con su nombre y un eslogan vacío: "Futuro, Orden y Fuerza"

Después de años de éxito en el mundo financiero, ahora busca llevar su visión a la política. "Es hora de devolverle la esperanza a nuestra ciudad", declaró en su discurso. Los demás candidatos no la tienen fácil, considerando la buena racha del Sr. Winston en los negocios. Pero... ¿en la política? Eso está por verse.

El canal cambió de reportero. Una mujer joven, sonriente y deslumbrante frente a cámara, asintió con emoción:

Pues bien dicen por ahí, Mark... los que tienen habilidad natural, todo se les da bien.

Solté un suspiro frustrado.

"¿Todo se les da bien?", pensé, mirando la pantalla. Claro, si callar verdades también cuenta como habilidad natural.

Me senté en la orilla de la cama y empecé a vestirme con rapidez. Me recogí el cabello en una coleta baja y tomé una gorra oscura, ocultaría más mi rostro. Necesitaba encontrar algo que no llamara la atención, algo que me hiciera pasar desapercibida. Las cámaras ahora estarían mas alerta que nunca, sabía que si alguien me reconocía, no solo levantaría sospechas, me metería en un verdadero problema. 

La casa estaba en silencio. No había pasos en el pasillo, ni ruido en las escaleras, ni murmullos detrás de puertas cerradas. Todos estaban demasiado ocupados.

El Sr. Winston con su nuevo papel del mesías político. Nicolás y Nate, encerrados en la sala de trabajo, día y noche, preparando discursos, reuniones, estrategias, saliendo solo para lo necesario. La puerta de madera que los separaba del resto de la casa parecía pensada no solo para bloquear el sonido, sino para aislarlos de todo lo que no les convenía oír.

Y yo bueno... solo me quedaba no hacer algo que manchara "la gran reputación de la familia".

Hoy iba a buscar. Ya no podía seguir esperando a que las respuestas llegaran solas. No iba a recurrir a Nicolás. No porque quisiera hacerlo sola, sino porque ya no confiaba.

Lo único que sabía con certeza era que algo no estaba bien. Tendría que ir personalmente. 

Tomé aire antes de abrir la puerta de mi habitación. El eco en el pasillo era distinto cuando sabías que no había nadie más en casa.

Bajé por las escaleras, despacio, cuidando que mis pasos no hicieran más ruido del necesario. Cuando llegué a la entrada principal, ya había un coche esperando, uno de los tantos que siempre estaban a disposición. James no estaba. 

Un hombre alto, de lentes oscuros y gesto neutro, bajó del auto para abrirme la puerta trasera.
—¿A dónde desea ir señorita? —preguntó con cortesía automática.

LOS WINSTONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora