Mis dedos jugaban con el USB, girándolo entre ellos como si fuera una llave, la clave secreta para salir, por fin, de toda esta farsa.
Lo observé en silencio, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de hacer.
Después de unos segundos, respiré hondo, desbloquee el teléfono y escribí el número que aparecía en la tarjeta. Dudé en como llamarlo antes de guardarlo.
¿Ponerle su nombre real? ¿O inventar uno falso por si algo salía mal y Nicolás llegaba a descubrirlo?
Me decidí por su nombre. Pensé que si se veía más formal y profesional, sería más fácil justificar cualquier cosa.
Al agregarlo, su foto de perfil apareció: él, sentado con una mujer desconocida a su lado. ¿Sería la misma que vi aquel día en la conferencia? Podría ser, aunque hasta donde yo sabía, él no estaba casado. El único que lo estaba era Nicolás. O al menos, eso aparentaba.
Tecleé rápido el mensaje, dudando unos segundos antes de enviarlo
"Estoy lista. ¿Qué tengo que hacer?"
Lo mandé sintiendo el miedo de que Nicolás me descubriera. Temía que, al ver su tarjeta en mi bolso, empezara a sospechar o incluso a investigar.
No sabía cómo era la relación entre ellos dos, pero a juzgar por la reacción de Nicolás, quedaba claro que no confiaba en mí lo suficiente como para aceptar que hablara con él. O quizás, ni confiaba en él.
Miré hacia su oficina por instinto. Vacía.
Era fin de semana, pero por la postulación del señor Winston, estábamos obligados a trabajar, o al menos la familia. Aunque mi papel no fuera tan importante como el de ellos, igual tenía que estar ahí.
Para mí, era una ventaja que Nicolás estuviera ocupado, así podría concentrarme en investigar lo que Adrián me había pedido. Y también evitar verlo.
El sonido de la puerta interrumpió mis pensamientos. Era Nate, con dos cafés en la mano.
—¿Cómo te sientes? —preguntó apenas entró, tendiéndome uno.
Su rostro lucía más cansado que de costumbre. La luz alegre que normalmente irradiaba parecía opacada, como si la noche anterior también le hubiera pasado factura.
—Mejor que anoche, pero siendo sincera, no recuerdo mucho.
—No pasó gran cosa —dijo mientras se sentaba frente a mí— Apenas te dormiste, conduje directo a casa y te llevé a tu habitación. Me debes un analgésico para el dolor de espalda.
—¿Qué? Tú fuiste el que se ofreció a cargarme—dije entre risas.
Nate sonrió, alzando los hombros con resignación divertida.
—Sí, del bar al auto. Pero todo lo demás ya lo considero explotación.
—¿Y cómo hiciste para ya sabes? ¿Entrar a la habitación? ¿No hubo problema?
—Nicolás estaba ahí cuando te subí. Pero no hablamos. Solo abrió la puerta y se hizo a un lado. Aunque te golpeaste la cabeza con el marco.
—¿¡Me golpeé la cabeza!? —me llevé una mano al cabello, asustada.
—No lo hice yo, fue la puerta —aclaró, levantando ambas manos en defensa— Ni te diste cuenta. Tienes el sueño pesado. Eres como la Bella Durmiente versión oficina.
Me reí, tomando un sorbo de café que me devolvió algo de vida. Ese tipo de bromas eran típicas en Nate, y siempre lograban relajarme.
—Supe lo de la postulación. Es por eso que estamos aquí ¿no? Supongo que habrá más trabajo que nunca. Quiere decir que ustedes no estarán mucho en la empresa ¿verdad?
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LOS WINSTON
Mystery / ThrillerAurora nunca imaginó que su vida cambiaría tan drásticamente. Trabajando en un bar para pagar las medicinas de su madre enferma, se ve arrastrada a un oscuro mundo de secretos y peligros cuando conoce a Nicolás Winston, un misterioso y adinerado hom...
