Madison frunció el ceño, incrédula.
-¿Cómo podría acceder a la computadora si ni siquiera está aquí?
El guardia tragó saliva.
-No lo sé, señora. Pero el registro marca su código de acceso y la hora exacta: hace veintitrés minutos.
Nicolás lo observó en silencio, con los brazos cruzados y la mirada fija en la pantalla.
-Entonces alguien usó su clave. O alguien más está trabajando con él.
Madison negó despacio, con el rostro tenso.
-No creo que sea él. No puede ser, lo conozco. No es alguien que busque algo así, ni mucho menos que pueda trabajar para William.
-Literalmente está trabajando para él Madison. Está dentro de la empresa, todos pueden ser utilizados.
-¿Pero no escuchaste? -replicó- Solo se accede desde esta computadora. Y él no está aquí. Entonces solo alguien que está aquí dentro debió usar su código de acceso.
El guardia se enderezó, visiblemente incómodo.
-Yo y mi equipo hemos estado aquí desde la tarde, señora. Nadie ha entrado a este lugar. Se lo aseguro. Y esta computadora no está disponible para el resto del personal. Nadie más debería poder usarla...
-Podría haber sido así... -interrumpió James- alguien consiguió las credenciales de Lucas y las usó desde otro equipo. No hace falta que Lucas esté presente para que su usuario quede registrado, bastaría con que alguien iniciara sesión con su cuenta desde fuera de la sala
Madison lo miró con desconfianza, pero James continuó,
-Puede ser que tomaran la sesión activa, o que copiaran su cuenta y la usaran desde una máquina distinta. En cualquier caso, el sistema registrará la clave de Lucas, pero no mostrará que él estuvo físicamente aquí.
El guardia pareció desconcertado.
-¿Podemos rastrear desde qué dirección vino ese acceso?- preguntó Nicolás -Dame la dirección IP, el registro de origen, lo que sea.
El guardia tecleó con manos temblorosas, revisando los registros que aún quedaban.
-Podríamos -contestó-, pero no será rápido. Si quien lo hizo usó una ruta intermedia, proxies o servicios que enmascaran la conexión, traerlo de vuelta a un dispositivo o una ubicación concreta puede requerir días, a veces semanas.
-¿Por qué tanto? -preguntó Madison, desesperada.
-Porque si borraron archivos, si usaron túneles o equipos puente dentro de la red, los rastros se fragmentan. Y si la persona sabe lo que hace, habrá cubierto sus huellas. No es algo que resolvamos con un par de clics.
Nicolás inclinó la cabeza un instante, pensativo.
-Hazlo. Quiero saber de dónde viene la amenaza y tomar precauciones. Y que alguien me prepare un informe en cuanto tengan algo.
-A la orden -contestó el guardia, ya con las manos sobre el teclado, listo para actuar.
-Dame el número de teléfono y la dirección de Lucas. Primero descartamos que haya sido él.
El guardia tecleó, la pantalla mostró un contacto: nombre, teléfono, dirección. Se la pasó en un papel a Nicolás, que lo miró un segundo y lo guardó en el bolsillo del pantalón.
-Y algo más, ninguna palabra de esto a nadie, menos a mi padre. ¿Entendido?
El guardia asintió, más por miedo que por convicción.
-Entendido, señor.
Salimos en silencio. El pasillo estaba más frío que antes. Nadie dijo nada hasta que la puerta de seguridad se cerró detrás de nosotros, dejando aquella sala con sus monitores y su registro de dudas.
-¿Y ahora qué? -pregunté finalmente, rompiendo el silencio- Si no tenemos esos papeles, ¿qué hacemos?
Nicolás no se detuvo, caminaba con paso firme, las manos en los bolsillos, la mirada fija al frente.
-Seguiremos con el plan. Aun sin los papeles. Tenemos que esperar los resultados del rastreo para saber de dónde vino el acceso. Si fue por parte de William, significaría que ya tiene los ojos puestos en nosotros.
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LOS WINSTON
Mystery / ThrillerAurora nunca imaginó que su vida cambiaría tan drásticamente. Trabajando en un bar para pagar las medicinas de su madre enferma, se ve arrastrada a un oscuro mundo de secretos y peligros cuando conoce a Nicolás Winston, un misterioso y adinerado hom...
