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—¿Qué estás diciendo? —pregunté, sin aliento. El corazón me palpitaba tan fuerte que apenas podía oírme a mí misma.

Nicolás me sostuvo la mirada. Sus ojos, enrojecidos por el alcohol y el cansancio, no pestañeaban.

—Lo que escuchaste —repitió en voz baja, con un tono áspero y herido— Ella es Claire.

—Pero... ¿cómo es eso posible? ¿Cómo que... ella...? ¿Tu padre...?

—Nos mintió. El día que Claire supuestamente murió no fue un accidente. Fue provocado. Planeado desde el principio por él. El día del choque los paramédicos que llegaron esa noche no eran reales, la subieron a una ambulancia fingiendo que la llevarían al hospital pero desviaron el camino. Se la entregaron a unos hombres. Nunca llegó al hospital. Mi padre ya lo había decidido.

—¿Qué? ¿Pero por qué haría algo así?

—Porque fue una decepción para él desde que nació. Una hija más. Un estorbo. Y encima, el primer embarazo de mi madre. Para él, Claire era inútil. No podía heredar la empresa, no era un varón, no servía para sus planes. Así que la usó como una moneda de cambio.

—¿Moneda de cambio? —Mi voz tembló.

—La entregó a cambio de favores. De silencio. De alianzas. Nunca supe exactamente qué obtuvo a cambio, pero debió ser algo que no se consigue sin vender el alma. La dejó en manos de hombres poderosos, sabiendo perfectamente lo que harían con ella. No le importó que la usaran. Que la tocaran. Que la forzaran,

ella era solo un recurso para él, un cuerpo bonito que podía ofrecer a cambio de más poder. No le importó el terror en sus ojos, ni los días que pasaba sin hablar, ni las veces que despertaba gritando. Solo le intereso lo bueno que obtendría gracias a esto, como si no la hubiese sacrificado con sus propias manos.

Las piezas no encajaban en mi mente. No podía comprenderlo.

—¿Pero cómo es que pudo hacerle eso a su propia hija? —murmuré, apenas con voz— Cuánto tiempo estuvo así? Cómo logró salir de ahí?

—Ideó un plan durante años. Aguantó cada cosa que le hicieron, cada abuso, cada noche. Fingía que obedecía, que había perdido la razón de vivir. Esperó a que se aburrieran de ella, a que la vieran como algo desgastado y cuando bajaron la guardia, escapó..

cambio su apariencia. Aprendió a hablar con otro acento, modificó su forma de caminar, de vestirse, de reír... Y lo primero que hizo, cuando logró estar libre de todo eso, fue buscarme a mí. Porque sabía que yo no me quedaría con el cuento que William les vendió a todos. Y así fue. En el funeral no hubo cuerpo. No hubo ataúd abierto. Aunque eso paso cuando yo era un niño, tiempo después encontré cosas que no cuadraban. Así que decidí investigar. Y un día, cuando iba camino a la morgue donde supuestamente habían tenido su cuerpo la vi parada al otro lado de la calle. Había estado siguiéndome los pasos durante días.

Me cubrí la boca horrorizada procesando cada palabra.

¿Qué clase de "padre" se supone que es William? Dar a su propia hija, someterla a horrores y después fingir su muerte. Eso no es solo cruel...Eso es inhumano.  

—¿Y tu madre? ¿Ella lo sabe? ¿Sabe que su hija está viva?

—No —Sacudió la cabeza con lentitud— No lo sabe. Lleva años viviendo con la culpa de no haberla salvado, de no haber hecho nada. Eso era exactamente lo que William buscaba: quebrarla. Y lo consiguió. Con eso tuvo el control absoluto. Se adueñó de sus emociones, de su voluntad. Nunca más volvió a levantarle la voz. Nunca más lo enfrentó. La convirtió en lo que él quería: una muñeca decorativa que se sentaba a su lado en los eventos y no decía una palabra.

LOS WINSTONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora