—Lo haré este mismo día. Entre más rápido lo haga mejor, idearé un plan para poder entrar a la oficina de William
—Perfecto. Sabía que no me fallarías. Solo necesito que los saques y me los entregues. Después de eso, lo demás corre por mi cuenta. —contesto Adrián al otro lado de la línea.
—Claro... te marco en cuanto los consiga.
Colgué el teléfono y observé el número que ascendía en el tablero del elevador, deteniendose con un leve zumbido. Cuando las puertas se abrieron, ahí estaba Nicolás, al otro extremo del pasillo, esperando. Levantó la mano en un gesto breve y autoritario. Lo entendí de inmediato y caminé hacia él.
—William estará en un programa de ayudas el día de hoy —comenzó, bajando un poco la voz cuando estuve cerca— ,así que es tu oportunidad para ir antes de que se vaya.
Colocas la cámara apuntando a la caja. Yo le pediré un documento de acuerdos que está ahí dentro. Entonces él irá personalmente a buscarlo, abrirá la caja y después cuando se haya marchado de la empresa, entras tú de nuevo. Lo complicado es colarte antes de que se vaya. Una vez fuera, nadie estará al tanto.
Tragué saliva, repasando mentalmente cada paso.
—Entendí.
Nicolás me observó un segundo más, como si quisiera asegurarse de que realmente lo había entendido y no solo estaba fingiendo.
—El pasillo de su oficina es largo. Primero mándame mensaje cuando ya estés lejos de él. —Metió la mano en el interior de su saco y sacó una pequeña llave metálica. Su mirada no se despegó de mí cuando la extendió— No la pierdas.
Tomé la llave con un movimiento rápido, tratando de no darle más importancia de la que ya tenía, y la guardé en el bolsillo de mi pantalón como si fuera cualquier cosa.
—Tranquila, en ningún lado de la empresa hay cámaras. Te avisaré cuando esté fuera de su oficina.
Sin mirar atrás, avancé hacia mi oficina.
Una vez dentro, dejé mi bolsa sobre el escritorio y busqué la pequeña cámara que había guardado la noche anterior. Me coloqué el saco doblado sobre el brazo, cubriendo la mano que sujetaba el dispositivo. Necesitaba que pareciera un gesto natural, como si estuviera a punto de entrar a una reunión y nada más.
Me quedé unos segundos mirando la pantalla de mi teléfono, esperando la señal. Los números parecían congelados, el tiempo demasiado lento. Respiré hondo varias veces, intentando calmar los nervios que me hacían sentir como si estuviera a punto de robar algo frente a todo el mundo. ¿Qué estoy haciendo? pensé, con el pulso acelerado. Pero era tarde para arrepentirse.
Pasaron unos minutos, interminables, hasta que la pantalla del teléfono se iluminó con un mensaje corto. Esa era mi señal de salida.
Tomé el aparato con fuerza y salí de la oficina, caminando con paso firme hacia el elevador. La gente a mi alrededor seguía con sus rutinas: teléfonos en la mano, carpetas en brazos, conversaciones a medias.
Todos parecían absortos en su propio mundo. Y aun así, no podía sacudirme la sensación de que me estaban mirando, que sabían exactamente lo que iba a hacer. Era esa incomodidad que se siente cuando tomas algo que no es tuyo y el peso de la culpa te hace creer que todos lo notan y te juzgan en silencio.
Me detuve frente a los elevadores, escaneando los números de arriba hacia abajo. Quería uno completamente vacío, sin testigos que pudieran fijarse en mis movimientos. La oficina de William estaba en el último piso, un nivel al que casi nadie subía salvo gente de alto rango o reuniones específicas. Eso jugaba a mi favor y al mismo tiempo me hacía sentir más expuesta.
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LOS WINSTON
Misterio / SuspensoAurora nunca imaginó que su vida cambiaría tan drásticamente. Trabajando en un bar para pagar las medicinas de su madre enferma, se ve arrastrada a un oscuro mundo de secretos y peligros cuando conoce a Nicolás Winston, un misterioso y adinerado hom...
