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—¿De qué hablas, Yoon? —susurró, su voz temblorosa.

Yoongi lo miró con intensidad, como si estuviera evaluando cada palabra antes de hablar. La luz en la cocina iluminaba su rostro, pero no podía ocultar la oscuridad que lo rodeaba, esa fuerza inexplicable que había estado creciendo en su interior.

—No es fácil, Jimin. —respondió con voz grave. —Hay cosas de las que no puedo hablarte aún, cosas que no puedes entender, pero confía en mí, haré lo que sea necesario para que estemos juntos.

Jimin asintió lentamente, pero sus pensamientos se volvían un torbellino. Algo había cambiado en Yoongi, y no podía ignorarlo. Aquella frialdad en su mirada, esa determinación casi implacable que lo rodeaba… no era solo por ellos, no era solo por lo que había sucedido en la noche anterior. Había algo más, algo oscuro, algo que Jimin no podía alcanzar, pero sentía cerca, como si lo acechara, como si estuviera en cada rincón de la casa.

—Te creo, Yoongi… te creo. —dijo en voz baja, aunque su alma seguía inquieta.

Yoongi le sonrió, pero esa sonrisa no alcanzó a tocar sus ojos. Y, por un momento, Jimin no pudo evitar preguntarse si realmente entendía todo lo que implicaba esa promesa, si ambos sabían lo que tenían que enfrentar para lograr la felicidad que tanto anhelaban.

Jimin desvió la mirada, intentando apartar los pensamientos oscuros que lo asaltaban. En lugar de enfrentarlos, decidió concentrarse en el aroma que provenía de la sartén.

—¿Qué estás cocinando? —preguntó con un tono más ligero, buscando cambiar el ambiente.

—Tu desayuno favorito, algo simple pero reconfortante. —Yoongi lo miró con una media sonrisa. —Sabía que lo necesitarías después de lo de anoche.

Jimin sintió cómo el calor subía a sus mejillas. La mención de la noche anterior lo hizo volver a la realidad, y con ello, una incomodidad que no podía ignorar. Apenas podía recordar lo que había sucedido, pero había un vacío, una sensación extraña que lo perseguía.

—¿Anoche? —repitió en un susurro, casi temeroso de escuchar la respuesta.

—Tuviste una pesadilla muy fuerte, me llamaste, estabas tan asustado que apenas podías hablar. —Yoongi dejó la espátula sobre la encimera y se giró completamente hacia él. —Vine porque no podía dejarte solo en ese estado, Jimin.

Los ojos de Jimin se llenaron de confusión. Las imágenes en su cabeza eran fragmentos des conexos: las marcas en su piel, una sensación fría recorriendo su cuerpo, y aquel sonido gorgoteante que lo había perseguido. Pero, al mismo tiempo, no recordaba haber llamado a Yoongi.

—Gracias… —murmuró, aunque en su interior la duda crecía. —Supongo que lo necesitaba.

The Sea Creature [Y.M] [PRÓXIMAMENTE]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora