[ 🥀 ]
Jamás tuvo tantas
ganas de morir
como ahora.
Ojalá en otra línea
temporal del tiempo,
pueda acariciar
tus suaves cabellos,
pueda escuchar tu suave risa
y que por fi...
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Sonic lloró.
Lloró con la boca apretada y el rostro crispado, con la desesperación de un hombre que había sido arrancado de sí mismo. Su llanto no era dulce ni contenido; era un sollozo quebrado, un lamento denso que se ahogaba en su propia furia.
Lloró por su bebé muerto.
Lloró porque Amy era una mentira desganada y necesitada, una ilusión construida sobre una base podrida de engaños.
El dolor se volvió rabia, la rabia se volvió fuerza. Antes de que su mente terminara de procesarlo, sus manos ya estaban alrededor de su cuello.
Amy pataleó, su cuerpo sacudiéndose como un pez fuera del agua, las uñas afiladas arañando la piel de su rostro, dejando marcas rojizas que ardían al contacto con el aire. Pero él no iba a soltarla. No.
—No me mientas. No me vuelvas a mentir.
Su voz sonaba rota, pero su agarre era firme.
Pataleó, arañó, sus uñas se clavaron en la piel de su agresor dejando surcos rojos y sangrantes, pero él no aflojaba el agarre. Los dedos de Sonic se enterraban con fuerza, con odio, con una necesidad enfermiza de hacerla pagar.
Su cuerpo se sacudía bajo el de él, enredándose entre las sábanas. Unas manos desesperadas tantearon la mesa de noche hasta encontrar algo, cualquier cosa.
La lámpara.
Con el último aliento que le quedaba, Amy la agarró y la estrelló contra la cara de Sonic.
—¡AHHH! —su grito fue un rugido de dolor.
Sonic gritó. Un grito animal, furioso y dolido, mientras se llevaba las manos a la cara. La sangre caliente manchó sus dedos, sus palmas, su rabia.
Amy no esperó. Se lanzó de la cama, sus pies descalzos golpeando el suelo con torpeza, y corrió fuera de la habitación. Las escaleras se volvieron una trampa resbaladiza bajo sus pasos desesperados.
—¡AMY!
El rugido de Sonic la siguió mientras descendía. No tenía tiempo para mirar atrás. No tenía tiempo para pensar.
Su mano alcanzó la perilla de la puerta principal, la giró, la haló con toda su fuerza, pero un segundo después, el peso brutal de Sonic la atrapó.
El impacto la hizo soltar un gemido sofocado. Su espalda golpeó la madera de la puerta con un estruendo seco.
—¿A dónde crees que vas? —su voz era veneno, un susurro afilado cargado de odio y algo más oscuro.
Amy temblaba.
—Sonic, por favor...
—¿Por favor? ¿Ahora me suplicas?
Ella intentó apartarse, pero él la empujó con fuerza. Sus pies tropezaron con el borde de la escalera que conducía al sótano.