Capítulo 15

68 3 0
                                        

Había logrado convencer a Charlie para que se quedara más tiempo, al menos hasta que aclarara las cosas con Marlene. Así que, tenía una misión que cumplir; lograr que Marlene me escuchara.

Te veo más tarde, McQueen...

Le envié el último mensaje a Mateo, antes de que guardara mi teléfono en mi bolsillo trasero.

Para mi gran suerte, la casa de Marlene estaba a lado de la casa de Keyla. Esperaba no topármela, Keyla siempre tenía esa habilidad de irritarme. Era demasiado creída. En fin, toque el timbre varias veces, pero nadie abría.

Me asome de puntitas por el barandal que tenía en la parte de enfrente del jardín de la casa, pero no parecía estar alguien ahí dentro o de plano, me estaba ignorando.

— ¿Buscas a prima? —preguntó Keyla mientras caminaba hacia mí.

¡Maldición!

— Necesito hablar con ella. —le contesté sin más y ella sonrió al detenerse y cruzarse de brazos.

¿Qué tenía de divertido esto?

— ¿Pasa algo? —le pregunté, con un tono más serio que de costumbre.

— ¿Charlie te ha enviado para que hables con ella?

Con que si estaba enterada de todo. ¿Cómo no podía estarlo? Si era su prima. Empiezo a dudar que la mala relación que decía Marlene que tenía con ella, era una total mentira.

— Eso no es asunto tuyo. —Pase a su lado.

No tenía nada más que seguir haciendo ahí.

— Es asunto mío, porque Marlene es mi familia y no voy a permitir que le vean la cara nuevamente. —sonó muy segura.

Me detuve, y fruncí el ceño cuando volteé a ella.

— Claro... tú le metiste esas ideas a Marlene de que Charlie y yo...

Su expresión lo decía todo. Como pude ser tan tonta, para no saberlo.

— Yo no le metí ideas a nadie, habían pruebas contundentes...

— ¿El llevarme tan bien con Charlie era tu prueba contundente? —le enarqué una ceja —. Es una estupidez.

Me di la vuelta para seguir mi camino.

— ¿Segura que es una estupidez? O... ¿no quieres aceptar que estas enamorada de tu mejor amigo y que le has estado viendo la cara a Mateo?

Esta no se le iba a dejar pasar, pero tampoco me iba a rebajar a seguirle su jueguito. Su especialidad era provocarme, pero no iba a caer tan fácil. No esta vez.

— ¡Jodete, Keyla! —le dedique una última mirada antes de que sacara las llevas de mi auto de mi sudadera.

Encendí el auto y me dirigí al centro de la cuidad. Quería estar un tiempo a solas, pensar..., quitar el maldito bloqueo de escritor que tenía y también pensar en un trabajo para poder solventar mis gastos. No pensaba pedirles y tampoco recibir más dinero de mis padres. Si quería volverme totalmente independiente, tenía que hacerme cargo de todo yo misma.

Qué difícil era ser adulto...

Ya no quiero serlo.

Estacione el auto en una de las calles que había poco tránsito y camine por la calle hasta llegar a un Starbucks. Necesitaba urgentemente un café.

— Su capuchino de moka. —me dieron mi café.

— ¡Gracias!

Al salir del lugar, miré a mí alrededor; era un día poco soleado, pero aun así era bello. Así que, decidí caminar un poco, hasta llegar al Down town, ahí me perdí por varios minutos. Veía pasar a la gente desde una banca vieja que había encontrado y en donde la vista era hermosa. Se veía toda la plaza y las letras de Toronto.

TODO PARA NADA - PARTE 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora