Estaba frente al espejo poniéndome el ultimo arete de mariposas, cuando sentí que Mateo me tomo de la cintura por detrás.
— ¡Te ves hermosa! —me susurró en el oído.
— ¿Si? —volteé a él para darle un beso.
— Sí.
Su respiración aun la podía sentir tan cerca de mis labios como su frente recostando junto a la mía.
— Debería ir hablar con mi madre... —murmuré.
— ¿Ahora? —elevó una ceja.
— ¿Y si eso la hace cambiar de opinión para que asista a la boda?
— Em...
— Solo no quiero que nada arruine nuestro momento —le dije en voz baja —. No quiero que sigamos peleadas.
— Si eso te hace sentir mejor podemos ir los dos para aclararlo.
Le sonreí mientras asentía con la cabeza.
— Pero..., eso será hasta mañana, señorita —me volvió a tomar de la cintura —, porque ahora tenemos una fogata a la cual asistir.
Me dio otro beso, este más corto que los demás.
Mateo no le sorprendió que mi madre pensara eso, de hecho él lo tomo bastante bien y hasta me atrevería a decir emocionado con tan solo la idea de escucharlo.
— Mateo...
Volteó a mí, estaba poniéndose su chaqueta de piel.
— ¿Dime, hermosa...? —sus ojos verdes y pestañas largas se enfocaron en mí.
— ¿En verdad te gustaría tener un bebé conmigo? —pregunté, curiosa y pareciendo una estatua al no saber a dónde moverme.
Dio un paso a mí y esbozó una sonrisa de lado.
— Me encantaría, Em.
Los dos intercambiamos una mirada frente a frente.
— Pero, eso no pasara hasta que tú te sientas lista... —murmuró al final.
Baje la mirada y él paso una mano sobre mi rostro, sintiendo su delicada caricia que me daba esa seguridad que solo sentía con él.
— ¿Y si nunca lo estoy?
Frunció el ceño.
— ¿Qué quieres decir?
— No sé... me da miedo no ser una buena madre. —me sincere —. Me da miedo que en algún punto replique algo de lo que viví con mis padres...
— Em, eso no va a pasar. —me levantó la vista, tocando mi mejilla —. Estaremos juntos en ello. —me aseguró —. Y si eso pasa, encontraremos la manera de resolverlo lo antes posible.
— Pero...
— ¡Tranquila, corazón! —me abrazo —. Tenemos todo el tiempo del mundo para ello. No quiero que te presiones ahora con eso.
— Tienes razón. Ni siquiera estoy embarazada y ya lo estoy pensando. —me escuche decir y él se separó lentamente de mí.
— Estaremos bien cuando eso pase —me lo aseguró —. Te lo prometo.
Volví aferrarme a él, pero esta vez con una sonrisa de tranquilidad. Siempre me hacía bien escucharlo, era como si solo él lograra calmar todo ese tormento que había dentro de mí con tan solo su presencia.
Su teléfono comenzó a vibrar. Se lo sacó del bolsillo del pantalón y contesto.
— ¿Dónde estás?
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TODO PARA NADA - PARTE 2
RomansPRIMER Y SEGUNDO LIBRO - (VERSIÓN BORRADOR). Hay miradas que no perduran para siempre. Hay finales que son comienzos y comienzos que son decisivos. ...
