Capítulo 29

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Si existían padres que les emocionara la idea de entregar a su hija al altar con la persona que la amaba verdaderamente. Este no era el caso de mi padre. En cuanto se lo dije casi le daba algo al pobre.

— No puedo creer que seas una irresponsable, Emily.

— ¿Irresponsable? —fruncí el ceño, aun sin despegar la mirada de la pantalla.

— Sí, Emily. Eres una niña, tienes apenas veinte años. ¡¿Cómo es que te quieres casar?!

— Ustedes tenían 19 cuando se casaron.

— Y no quiero que vuelvas a cometer la misma estupidez. —dijo.

El silencio que hubo entre los dos en esos segundos, nos dejó a los dos mirándonos a los ojos.

— Pueden seguir su relación como la llevan hasta ahora, ¿por qué quieren apresurarse? Tienen todo el tiempo del mundo, Emily.

— Porque lo amo, pa. Y estoy convencida que quiero pasar el resto de mi vida junto a él.

— ¿Y ya te olvidaste de lo que paso hace unos meses?

— No le hecho y no lo haré. Gracias por recordármelo nuevamente, padre.

Se pasó una mano sobre la cabeza.

— Emily, solo quiero lo mejor para ti. —masculló —. Y esto no lo es...

— ¿Por qué? ¿Por qué piensas que mi relación con Mateo se volverá como la de ustedes?

Vale, no debí decir eso.

— Porque eres una niña, Emily y no sabes lo que aún es el verdadero amor. No puedes casarte con la primera persona que ves. —musitó —. Te falta conocer muchas cosas, aprender de la vida, viajar a otros lugares, conocer a otras personas...

— Créeme que lo hecho y aun así sigo eligiendo a Mateo sobre todo.

Se le formo una mueca en el rostro dejando ver que no cambiaría de opinión.

— ¿Por qué Mateo no me dijo nada cuando vinieron a los Ángeles? Tuvo la oportunidad de decírmelo y aconsejarlo antes de que esto se convirtiera en un problema. —dijo.

— ¿Problema?

— Sí, Emily. No estoy de acuerdo con esto y no lo estaré.

El nudo que se me había formado en mi garganta era evidente, sabía que si soltaba otra palabra mi voz se quebraría completamente. ¿En verdad esto era una locura?

— Unir tu vida con otra persona no es un juego, hija. Tienes que estar muy segura que esa persona será la indicada, la que estará contigo en las buenas y en las malas...

— Mateo lo es, pa...

Soltó un respiro.

— Solo quiero que después no te arrepientas. Esta decisión de una u otra forma cambiara la forma de vida que llevas hasta ahora y no quiero que en un futuro todo lo lindo que tienen se arruine por apresurarse... —dijo en voz baja.

— Pa, hablas como si los dos no supiéramos que estamos haciendo con nuestras vidas. Las dos tenemos una carrera, un ingreso suficientemente bueno, nos queremos, ¿qué hay de malo de querer llevarlo al siguiente nivel? —le pregunté —. No estamos hablando del casamiento de dos niños de 15 o 17 años. Somos mayores de edad.

— Exacto, y como tal deben de saber lo que hacen. —volvió a inquirir.

¿Qué más podía decirle? No había ninguna carta que lo hiciera cambiar de opinión. Él ya había tomado su decisión y con todo el dolor de mi corazón no iba estar de acuerdo esta vez con él.

TODO PARA NADA - PARTE 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora