Habíamos tomado el vuelo de regreso a casa. Ninguno de los dos había mencionado nada sobre lo que había pasado anoche. Mi cabeza recostaba sobre su pecho y su brazo rodeaba mis hombros mientras él tenía su vista enfocada en la ventanilla.
Durante todo el vuelo me quede dormida, no fue hasta que llegamos cuando al fin me desperté. Los dos nos pusimos una gorra, lentes oscuros y ropa cubierta para pasar desapercibidos. Tomamos el primer uber que vimos fuera del aeropuerto y nos dirigimos a casa.
— ¡Mira quién está en casa, bombi! —masculló Estef desde el jardín al vernos entrar.
Ella estaba sentada sobre el pasto con las piernas enrolladas, jugando con bombi una pelota verde de estrellitas. Era su favorita.
— ¡Hola, pequeñín! —lo salude, al ver que corrió hacia nosotros.
La rapidez con la que corría por todo el jardín era absurda, sus patitas parecían que iban a volar, y ni se diga de las vueltas que daba, parecía un trompo girando.
— Bombi parece tener mucha energía hoy. —dijo Mateo, soltando las maletas a su lado.
— Ha terminado su medicamento hoy en la mañana, supongo que está feliz por ello. —murmuró Estef.
— Gracias por cuidarlo, muffy.
— Ni lo digas, es mi sobrino cachorro. —contestó ella, divertida.
Los dos con Mateo solo intercambiamos una mirada.
— Bueno, creo que me llevare a bombi a casa.
— Ni lo pienses —musitó Estef, poniéndose de pie —. Los chicos vienen a comer para celebrar tu cumpleaños y de paso lo de tu libro. —dijo— Ah, y adivina que... —saco su teléfono —. He pedido mi libro para que me lo firmes. —me enseño la página en donde aparecía que llegaba mañana.
— Wow...
— Tengo que ser la primera en leerlo.
— No, no —le negó con el dedo —, lo siento hermanita, pero ese he sido yo. —le dijo Mateo.
— ¿Tú qué? ¿Ya tienes tu libro firmado? —le preguntó, casi indignada.
Él asintió con la cabeza muy sonriente.
— Tenía que ser el primero. —lo dijo con un tono orgulloso.
— ¡Agh! —ella solo rodó los ojos en blanco.
Mientras los dos seguían peleando por quien terminaría el libro antes, yo preferí llevar mis cosas a la sala.
— Si quieres llévalas a mi habitación —dijo Estef.
— Lo haré.
Estaba a punto de subir las escaleras cuando sentí que la mano de Mateo estaba sobre la mía.
— Yo las llevo. —murmuró.
Quite mi mano segundos después y me pase adelante. Él venía atrás de mí sujetando las maletas.
— ¿A dónde vas? —pregunté al ver que caminaba derecho.
— A la habitación.
— Me dijo que las dejara en su habitación.
— Y yo opino que deberían estar en nuestra habitación, ¿tú que dices?
Sacudí la cabeza, con una media sonrisa y lo seguí.
Entrar en su habitación se sentía raro, después de todo seguía sintiéndose tan familiar, tan propia.
— ¿Quieres aprovechar a tomar un baño mientras los chicos vienen?
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TODO PARA NADA - PARTE 2
RomancePRIMER Y SEGUNDO LIBRO - (VERSIÓN BORRADOR). Hay miradas que no perduran para siempre. Hay finales que son comienzos y comienzos que son decisivos. ...
