Capítulo 32 \ 1

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— ¿Segura? —me preguntó Sami, al ver que había terminado de empaquetar los postres que me había encargado.

— Sí, en verdad pueden estar el tiempo que quieran. No me molesta en lo absoluto. —dije, refiriéndome a las cosas que había dejado en casa.

— Te prometo que en cuanto se termine de pintar el cuarto de la niña, las voy a recoger.

Solo me encogí de hombros y baje la caja para que Sami no tuviera que cargarla. Aunque aún se le notaba poquito su embarazo, ya comenzaba a ser más notorio.

— Te juro que los antojos que estoy teniendo no son normales, Emi. —dijo.

— ¿Antojos de postres?

— No, es lo peor de todo. Que son solo de comida chatarra lo que quiero comer.

Me eche a reír, porque Sami no era de comer de esa forma, salvo ahora.

— Ni modos, tendrás que comerlo si no quieres que la niña salga con cara de pizza.

Me hizo una mueca de disgusto.

— Y las galletas de chocolate son mis favoritas ahora. —me recalcó.

— ¿Chocolate? ¿Qué no lo odiabas?

— Y siempre lo odiare —dijo —. Con todo esto me saldrán barros, subiré de peso, Emily me voy a poner horrible.

Ah, y además se había vuelto demasiado sentimental.

Me acerque a ella, para tratar de tranquilizarla.

— Eso no va pasar, Rachel. Tranquila.

— Lo dices porque a ti no te explotan las hormonas dentro de tu cabeza.

— Vamos, es normal.

— Odio esto... —soltó al final.

Le di otro abrazo.

— Recuerda esto es temporal.

Ella soltó un respiro y se limpió la lagrima que pasaba por su mejilla, ¿a qué horas había empezado a llorar, dios?

— Tengo que irme o se me hará tarde. —murmuré, soltándola.

Asintió con la cabeza.

— ¿Quieres que te pase a comprar una pizza?

Casi me aventaba el jarrón que tenía cerca.

— Pepperoni... —dijo al final.

Mostré una sonrisa divertida y me apresure a cruzar la puerta de salida.

Al subir alto, encendí el reproductor de música y comenzó a sonar "daylight" de Taylor Swift. La deje sonar y me apresure a encender el auto. Conduje hasta el cementerio y aparque el auto a una distancia no muy lejana del viejo árbol que siempre me cubría con su sombra.

Las flores que tenía mi abue aún no estaban del todo secas, pero ya eran necesarias cambiarlas. Las saque de los jarrones de piedra, y comencé a ponerle las nuevas. Cuando termine me senté sobre el pasto a un lado de ella, con las piernas enrolladas viendo mi mano izquierda, específicamente donde traía mi anillo de compromiso.

— Aun no puedo creer que en un mes me voy a casar con Mateo, abue... ¿Sabes lo loco que suena decirlo en voz alta? —volteé a ella —. Esto es una completa locura. ¿Quién iba a decir que el chico pesado se convertiría en el amor de mi vida? Quizás tú si lo sabias... siempre dijiste que Mateo era un buen chico, y no te equivocaste.

Baje la mirada.

— En verdad cuento los días para que ese día llegue, aunque si te digo un secreto... Mateo y yo ya nos casamos. No oficialmente..., pero lo hicimos con nuestros corazones y almas en el castillo de Harry Potter y eso es lo más importante, ¿no?

TODO PARA NADA - PARTE 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora