CAPÍTULO 24

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ANDREA FISCHER:

Cristhian y yo llevamos más de dos horas recibiendo felicitaciones de todos los invitados, no pensé que Marcia invitaría a tantas personas, lo que me hace notar que si así es la fiesta de compromiso no quiero imaginar la cantidad exagerada de invitados que asistirán a la boda.

El anillo que me dió Cristhian no a pasado de ser percibido, todas las mujeres que se encuentran en este salón me han pedido que se los muestre y para ser honesta lo hago con mucho orgullo ya que está hermoso.

Me duele la cara de estar sonriendo a todo el mundo y ya realmente necesito un descanso, pero esto no tiene pinta de parar en un futuro cercano, observo a Cristhian que está a mi lado y se que está pensando exactamente lo mismo que yo.

Entre saludos y felicitaciones no dejo de pensar en lo que me dijo antes de darme el anillo y proponerme formalmente matrimonio delante de todos. Se veía realmente culpable por como me trató en la mañana y note la necesidad que tenía de que yo lo perdonará.

Tengo que ser sincera conmigo misma y a pesar de que fue un verdadero imbécil y de que más que enojarme me sentí dolida con sus palabras, yo tampoco actúe bien, obvio no es justificable lo que me dijo, pero desde que le comenté que tendría un desayuno de trabajo tenía que haberle dicho con quién era.

No me gustó la angustia y el miedo que ví en sus ojos mientras me pedía perdón. Entiendo la angustia, pues sentí que todo lo que había avanzado nuestra amistad se había quebrado con sus palabras hirientes, ¿pero el miedo?, ese no se porque lo ví.

¿Quizás temía que no lo perdonará?

Qué incinuara que aún me acuesto con Martin me dolió, pero soy lo suficientemente madura como para comprender que un error lo comete cualquiera y que en momentos de ira y rabia se pueden decir muchas tonterías y obviamente si me piden disculpas sinceras y asumen los errores todo se puede arreglar.

Cabe aclarar que está regla no aplica para todo, sin embargo en este caso si. La cago, lo reconoció, pidió perdón, pues entonces y tiene solución. Ahora vuelve a fallar y ya no habrá vuelta atrás.

Cristhian posa una mano en mi cintura para llamar mi atención ya que me había ido a otro planeta con mis pensamientos.

—Voy a saludar a unos ex compañeros de universidad - ¿es en serio? ¿Ex compañeros de universidad? Definitivamente Marcia se pasó con las invitaciones —¿Me acompañas?

— No, necesito aire - le digo

—¿Estás bien?

— Si, solo que estoy me agobia un poco - entre cierra sus ojos — Pensé que esto seria algo más privado.- le confieso. — No esperaba tantas personas, ni tantos reporteros.

— Se nota que aún no conoces a mi abuela - pasa su dedo pulgar por mi mejilla en un gesto cariñoso y totalmente inusual en nosotros, pero para mí sorpresa no resulta extraño, ni incómodo, excepto cuando causa en mi la misma sensación que el beso que nos dimos antes.— En unos minutos estoy contigo - me dice y me da un beso corto en los labios que amenaza con dejarme sin estabilidad emocional, pero dentro toda mi atención a que es parte del show ya que los presentes no dejan de mirarnos y las camaras de enfocarnos.

Aprovecho y salgo al jardín para tomar el oxigeno que acabo de perder con la caricia y el beso que me tiene hirviendo por dentro y temblando por fuera. Contradictorio ¿verdad?. Cierro los ojos y respiro profundo acumulando la mayor cantidad posible de aire en mis pulmones para luego expulsarla poco a poco.

— Hola - me sobresalto con la voz que escucho a mis espaldas y abro los ojos de inmediato.— Si quieres huir aún estás a tiempo.

— Hola Martin.- me giro hacia él — ¿Por qué querría huir?

POR UN CONTRATO Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora