CRISTHIAN ANDERSON
Esto es una puta locura. No hay otra forma de describirlo.
Ver a mi sirenita en este estado es una tortura; me está volviendo loco verla temblar por lo que acaba de descubrir. Ella no merece nada de esto y, sin embargo, la vida no deja de golpearla. Solo Dios sabe que daría mi vida para que esos golpes me llegaran a mí antes de rozarla siquiera. La impotencia de no poder evitarle este dolor me está matando.
¿Qué clase de madre se hace pasar por muerta y deja a su hija sola en manos de unas bestias?
La abandonó. Andrea estaba dispuesta a dar la vida por ella, pero la mujer que la trajo al mundo simplemente le dio la espalda.
Sé que mi sirenita no llora solo de dolor. Llora por la mentira, por la traición y por cada trauma del pasado que acaba de reabrirse. Llora por la violación, por las lágrimas que derramó en nombre de una "madre muerta" y por la niña a la que nunca dejaron crecer. Y lo peor de todo: llora de rencor. Saber que tu propia madre te dejó a tu suerte para salvar su pellejo es un golpe demasiado bajo.
—La prefería muerta —me dice con la cara escondida en mi pecho.
Hace una hora que nos dejaron solos en la habitación para que ella intentara descansar, pero no ha hecho más que romperse en mis brazos.
—Preferiría seguir pensando que Dereck la había matado —levanta la cabeza y me mira con los ojos nublados—. No lo entiendo.
Le limpio las lágrimas con cuidado. Sé que tengo que ser el fuerte, pero verla así destruye cualquier barrera en mi interior.
—Hay cosas que no tienen explicación, sirenita —le digo en voz baja—. Hay actos tan oscuros que, mientras más intentas entenderlos, menos sentido tienen.
Simplemente no hay una razón lógica para tanta maldad.
—¿Pero por qué a mí? —vuelve a quebrarse.
Juro que quisiera salir ahora mismo y matarlos a todos: a Dereck, el primer monstruo que debió cuidarla y en cambio intentó destruirla; a Alex, por entregarla a otra bestia; a Octavio, por el daño físico y psicológico, por permitir que la tocaran cuando ni siquiera era consciente de lo que pasaba. Y sobre todo a Edith, por traicionar el instinto más básico de una madre: proteger a su cría.
—Sirenita, no pienses más en eso ahora. No te hace bien, ni a ti ni a los bebés.
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POR UN CONTRATO
Romansa✅EN FÍSICO Y EN DIGITAL A TRAVÉS DE AMAZON Dicen que el presente solo dura un segundo y que toda tú vida puede cambiar en ese mismo tiempo. Justo eso le pasó a Irina, su vida cambió radicalmente, de una forma que ni ella misma esperaba . Irina Jenn...
